Archivo mensual: junio 2014

Ética y Política

Aunque es conveniente distanciarse para analizar con frialdad el escándalo de la corrupción, hemos de poner en primer plano el futuro democrático de España, y por ello quiero referirme a las raíces sobre las que han de asentarse los comportamientos individuales e institucionales que hagan posible una convivencia normalizada.

Por tanto, pese a quienes puedan pensar lo contrario, el discurso sobre ética y política difícilmente puede encontrar un marco más propicio que el actual; las condiciones para sostener un debate permanente sobre los valores morales que sustentan la acción política son, tan dramáticas, como excelentes.

Ello exige un difícil esfuerzo para ser capaces de mirar hacia el futuro sin perder de vista los tiempos presentes, y viceversa. Las reflexiones que nos inspiran los sucesos que hoy conmueven al conjunto de la sociedad, pueden ser o, mejor, tienen que ser, un motivo para preguntarnos si las prácticas colectivas responden adecuadamente a los valores, a las propuestas y, en definitiva, a nuestra forma de entender la sociedad y a nuestro modelo de acción política.

Tenemos que avanzar en la búsqueda de una salida que la sociedad está exigiendo y que, en ningún caso puede confundirse con la articulación de un conjunto de tácticas dilatorias, juridicistas o retóricas que, en el mejor de los casos, resultarán obsoletas frente a lo abrupto de la realidad.

Ningún proyecto político puede renunciar a su dimensión ética. La ética, como elemento primordial del sistema de relaciones sociales, sirve para establecer las reglas del juego, mucho más allá de las posibilidades reglamentarias o jurídicas que ofrecen los Diarios Oficiales.

Sin un adecuado cemento ético, es imposible esperar que los comportamientos particulares acepten que es necesario mantener un nivel mínimo de cohesión social, para que el progreso económico se transforme en progreso social, es decir, en una mejora de los niveles de civilización que caracterizan a un  modelo de sociedad acorde con los tiempos que vivimos.

Cuando hoy planteamos la relación entre ética y política tenemos que tener en cuenta la complejidad del término ética. Ahí se esconden dos grandes significados: uno el que se insinúa bajo el término “ética” y otro bajo el término de “moral”.

En sus orígenes hablar de ética era lo mismo que hablar de política. “Ética” eran las reglas y costumbres de la “polis”. El hombre de la polis, el ciudadano era aquél que hacía suyas las reglas de la ciudad; las hacía suyas en el sentido de que contribuía a hacerlas y también a ellas se sometía.

De lo dicho se desprende que el ideal ético en política consistiría en pensar una sociedad en la que todos los ciudadanos fueran a la vez legisladores y súbditos: que todos se implicaran en las reglas de juego y todos las respetaran. Eso es exactamente la democracia como ideal. Por eso ahora el buen ciudadano es el demócrata.

Si tuviéramos que hablar en este contexto de “corrupción” o “inmoralidad” política habría entonces que pensar en todo aquello que dificultara la participación de los ciudadanos, la transparencia de las decisiones o el monopolio del poder. La inmoralidad por antonomasia es la dictadura.

Y, sin embargo, cuando hoy hablamos de corrupción nos referimos preferentemente a los escándalos políticos que apuntan a la incoherencia personal de quien trabajando en las instituciones que forman el edificio institucional no se someten personalmente a las normas generales.

También se entiende por “corrupción política”, el enriquecimiento económico ilícito. Quien roba utilizando su ubicación o su trabajo en las instituciones del Estado, debe ser considerado un delincuente, sin otras connotaciones, y debe ser perseguido por las fuerzas de seguridad hasta ponerlo a disposición de la judicatura.

Simplemente delincuentes, que parasitan los distintos ámbitos de la política y la utilizan como coartada para su inclinación natural, adquirida o congénita, que es robar.

Explicar la sorprendente existencia de tantas incoherencias personales es asunto harto complejo. Tal vez exista, una preferencia generalizada en toda la sociedad por la eficacia sobre cualquier otra consideración. Lo que cuenta, se dice, son los resultados. De ahí a conseguirlos a cualquier precio sólo hay un paso. Si se da ese paso se debilita el ideal  democrático que es eminentemente procedimental.

La incoherencia personal no es sólo una inmoralidad sino un atentado al sentir  democrático, en cuanto que al visualizarse a través de personajes, que han tenido responsabilidades públicas, inducen al escándalo y a la decepción para el conjunto de la ciudadanía; pero muy específica y dolorosamente para aquellos que situaban a dichos incoherentes como sus puntos de referencia democráticos.

A este respecto, la ética no es algo cuyo equilibrio interno venga dado en los manuales sino que hoy es un problema de racionalidad y no sólo de sensibilidad.

La sociedad no tiene como objetivo producir ética, sino que se sirve de ella, para establecer reglas del juego que orienten a los actores de la vida social. Posiblemente, nuestro drama de hoy es que está instalandose entre sectores sociales cada vez más amplios, la sensación de que las reglas del juego han perdido su vigencia, que cada uno debe guiarse por la lógica de la utilidad individual. Frente a este deterioro de valores, sin los cuales no puede hablarse de sociedades avanzadas, el sentido del deber y de la transcendencia social de las ideas individuales exige la decisión necesaria para dejar los intereses personales un tanto al margen.

Este ejercicio de proporcionalidad debe incluir tanto los intereses colectivos, como los individuales y quienes no lo entiendan así, están negando la viabilidad de la política democrática y, en mi opinión están colaborando con formas de pensar  o ideologías cuya plasmación en el ejercicio del poder puede ser devastador para los ideales de justicia social, de lucha contra las desigualdades y de desarrollo de políticas económicas y sociales solidarias. Este es el verdadero desafío que, desde la ética, hoy debe guiar nuestra política inmediata.

De lo dicho se desprende que el problema de la inmoralidad o corrupción política habrá de atacarse en el marco del Estado de Derecho desde un triple frente: desde la intensificación del ideal democrático, desde la recuperación de las motivaciones éticas o virtudes políticas, y desde el desarrollo de una legislación que grave rigurosamente las iniciativas tramposas.

El ejercicio del poder, también, es un ejercicio de proporcionalidad en la toma de decisiones. La lógica del resultado inmediato es necesaria porque los ciudadanos no pueden visualizar la acción de gobierno a partir de simples apuestas de futuro. La ética tiene más que ver con la proporcionalidad entre los objetivos y las acciones para conseguirlos, que con la priorización de los objetivos, claramente vinculados al ámbito de la acción política pura.

Es más, pudiera negarse la posibilidad de hacer compatible el realismo político, con la moralidad; pero no existe mayor moralidad que la de orientar la acción política hacia bienes tangibles, que tiendan a eliminar los dramas sociales y a mejorar la vida de los ciudadanos. En este esfuerzo, la ética, más que como guía, actúa como factor astringente de los medios empleables para alcanzar este  conjunto de objetivos, una especie de sensor que nos avisa -si tenemos atentos los sentidos- de cuándo hemos perdido el sentido de proporcionalidad.

La ética de lo público  nos compromete a todos, pero muy particularmente a aquellos en cuyas manos deposita la sociedad recursos colectivos, exigiendo una gestión eficiente que aporte la mayor rentabilidad social a cada euro gastado.

Modernizar las estructuras públicas, orientar los servicios hacia la satisfacción de las necesidades de los usuarios, hacer política entendida como la toma de decisiones comprometidas, transmitir valores esenciales como la equidad y la justicia, son diferentes facetas de una misma vocación de progreso. Porque hoy, más que nunca, es posible afirmar que la eficiencia económica y social es un prerrequisito para la ética y que la ética es un prerrequisito para la eficiencia.

Pedro Sabando Suárez

EL SINDICALISMO EN TIEMPO DE CRISIS

El sindicalismo, la acción sindical en defensa de los intereses de los trabajadores también está sufriendo las consecuencias de esta larga y profunda crisis. Como un elemento más del Estado de bienestar los sindicatos son también hoy objeto de erosión, cuando no de despiadado combate, por aquellos que piensan que también son obstáculos que impiden el crecimiento, que dificultan la eficiencia de las economías y que anulan la libertad y la competencia. Tony Judt citaba en Postguerra, su monumental obra, las declaraciones que Bismarck realizó en 1890 tras la aprobación en el Reichtag de la primera ley que establecía en Europa un sistema de pensiones público. No queremos, decía el canciller alemán, el establecimiento de un modelo de protección de los trabajadores alemanes cuando alcanzan la jubilación. Lo que en realidad pretendemos es “la expulsión de estos monstruos de la vida política”. Por supuesto, aquellos monstruos eran los sindicatos alemanes y, también el partido socialdemócrata, que durante los años anteriores habían impulsado intensas campañas en favor del establecimiento de seguros obligatorios contra los accidentes de trabajo, para la prohibición del trabajo infantil en las fábricas o frente al riesgo de pobreza tras la jubilación. Sigue leyendo

¿PUEDE BAJAR CINCO PUNTOS LA TASA DE DESEMPLEO JUVENIL A TRAVES DE UN PROCESO CONSTITUYENTE INICIADO POR UN REFERENDUM?

La profusion de pronunciamientos  sobre la celebracion de un referendum de apertura de un proceso constituyente exige de  un buen fabiano un cierto proceso de racionalizacion que se podria vertebrar en torno a algunas  cuestiones facticas.Pero antes de seguir , el fabricante recomienda que la toma  de esta entrada se produzca acompañada de la ingesta  de algun alimento del espiritu, en particular el clasico de Kypling “If”, y mas en particular los parrafos que empiezan por  “Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando los que te rodean la han perdido y te culpan a ti….”, “Si puedes soñar sin que los sueños te dominen….”, “Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud….”.

Primera cuestion de hecho : la evaluacion social  del modelo constitucional de monarquia parlamentaria como asunto problematico en si mismo . Sobre esto los resultados del ultimo barometro del CIS (mayo)parecen bastante contundentes :    En la multirespuesta a la pregunta sobre el primer problema que existe actualmente en España, el paro aparece en primer lugar (80,8), seguido de la corrupcion y el fraude (35,7) y de los problemas de indole economica (28,6) ; la Monarquia registra un 0,2.En la respuesta espontanea, la Monarquia como problema registra  un 0,0 como primer problema, un 0,o como segundo y un 0,1 como tercero, continuando el paro en cabeza de la lista,  como primer ,segundo y tercer problema, segun las prioridades de los encuestados .A la vista  de estos datos, la primera reflexion que surge se referiria al contraste entre el escasisimo espacio que el ser o no ser de la Monarquia ocupa en las preocupaciones de los ciudadanos  , frente al  abultadisimo espacio que el asunto ocupa tanto  en las ocupaciones de los representantes politicos de estos ciudadanos como  en las programaciones de las televisiones que estos ciudadanos contemplan.La explicacion del comportamiento de las teles parece que andaria por los caminos de las audiencias, y  en esa linea la crecida del interes por la Monarquia tendria que ver con el descenso del share de Belen Esteban y  con la menor incidencia de los casos de pederastia. Y apareceria asi una  subreflexion ,  relativa a si los representantes de los ciudadanos piensan mas en las televisiones que en los ciudadanos .

Segunda cuestion :aun no siendo un asunto problematico en si mismo, podria ser que la monarquia constitucional  fuese un asunto que genera , directa o indirectamente, por activa o por pasiva, por delante o por detras, alguno de los problemas socialmente percibidos; o incluso   que  sin generarlos , impide o al menos dificulta su solucion.Sobre esto, la mejor muestra de que esta correlacion  no es demostrable seria la ausencia de argumentos demostrativos  de los promotores de referendums respecto a que, como consecuencia de la monarquia parlamentaria :a) el desempleo juvenil sube,b) la cobertura del desempleo baja , c)la productividad se estanca, y d) la corrupcion se enfanga.Los argumentos pro referendum pro republica  no parecen centrarse en su contribucion a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, circulando  mas bien por otros  terrenos . En cuanto al fondo,aluden a  la identificacion de la republica con la democracia real (les juro que no es un juego de palabras ) , con su caracter mas igualitario por la posibilidad de acceso al maximo nivel institucional de cualquier ciudadano elegible. Y en cuanto a la forma,aparece la trasposicion a este asunto de la fantasia nacionalista del derecho a decidir.

Comenzando  por lo segundo , les confieso que el tedio que  producen estos debates  lleva a aplicar la tecnica del contrato de adhesion. Concretamente , adhesion a la columna (horizontal ) publicada el pasado domingo por Pedro de Silva en “La Nueva España” :

El derecho a decidir. Yo estoy totalmente a favor del derecho a decidir , pero es , como todo, cuestion de tiempos. ¿Cada cuanto hay que decidir algo ?Tecnicamente  nada impediria, en seguida, que se tomaran las decisiones en tiempo real en las redes, a traves de las que,en cuanto se produzca la extincion vegetativa de  los que aun no estan en ellas, todo el mundo podria opinar. De este modo, por ejemplo, una mañana soleada (o lluviosa, segun gustos) el cuerpo le pediria al cuerpo elctoral formar parte de una republica confederal , y otra lluviosa (o soleada, segun gustos) formar parte de una monarquia unitaria, una monarquia confederal o una republica unitaria. La ventaja de todo ello es que la gente dejaria de por fin de  de pasarse el dia contando chorradas a traves del espectro, y de paso las instituciones pasarian a ser un tanto espectrales. La ventaja adicional es la de que los de una cierta edad no lo veremos.

Respecto de la identificacion (o al menos correlacion) republica -democracia ,la version mas clara de esta hipotesis , siempre que pensemos que clara es sinonimo de tosca, seria la que podriamos llamar El Dilema del Señor  Cayo : “O monarquia o democracia “.Pero el sometimiento de esta hipotesis al principio de falsabilidad de Popper no le proporciona mucho recorrido . Si se contrasta El Dilema del Señor Cayo con el contraejemplo del Reino Unido, el viento  de la solida y consolidada democracia coronada britanica se lleva por delante esta teoria.Y con esto entrariamosen  la tercera cuestion,ubicada mas alla del bien y del mal de la racionalidad, pero sin duda politicamente relevante : la cuestion simbolica.

La cuestion seria la de la percepcion sentimental, estetica, de la republica como institucion que proporciona un plus de democracia, y, en el caso de la izquierda, como algo mas propio del imaginario simbolico de esta.Para entendernos, la republica seria como contemplar “La libertad guiando al pueblo”de Delacroix  ( o sea ,la portada de  Viva la Vida , de Coldplay), al  tiempo que se escucha el Novecento de Morricone. Y se trata de una percepcion que en el caso de la izquierda española esta muy unida a la imagen de la II Republica, y mas concretamente al advenimiento de esta y a su derrota en la guerra civil.Sobre esto , mi adhesion se produce respecto de los siguientes parrafos del libro de Muñoz Molina “Todo lo que era solido”:

En nombre de la Republica mas soñada que recordada de 1931 se menospreciaba la democracia que en 2006 llevaba durando casi treinta años.En un pais desarrollado y en paz del primer mundo, politicos y literatos alimentaban la nostalgia de la España pobre y convulsa que se desangro y se destruyo a si misma durante tres años de guerra civil.Ciudadanos acostumbrados a todos los privilegios de la paz civil y del desarrollo economico manifestaban una virulenta añoranza por el heroismo en blanco y negro de aquella guerra simplificada hasta el extremo halagador de un catecismo politico o de un tebeo de aventuras.La guerra no despertaba la pesadumbre del luto sino la euforia de la epica……Identificarse con los sufrimientos o las heroicidades de antepasados lejanos depara una confortable emocion epica y una superiporidad moral limpias de todo inconveniente :la legitimidad moral de la victima  sin haber sufrido, la exaltacion hormonal del coraje sin haber corrido ningun peligro.”


La opcion  de asentar las opciones  y  las decisiones  politicas sobre los sentimientos, incluso sobre los buenos sentimientos, es mas que discutible . Pero ,en todo caso, si se opta por ella  habria que ser coherentes y admitir la plena aplicacion a esta opcion de  las tecnicas propias del analisis de los sentimientos. Por ejemplo.ver lo que tiene de transferencia de culpa  esta priorizacion en tiempos de crisis economica de un asunto como  la forma politica del Estado , y al ejemplo de monarquia frente a democracia y/o derechos sociales se podrian añadir otros chivos expiatorios  :España frente  a Cataluña en el imaginario nacionalista, emigrantes frente a nacionales en el repertorio lepenista….Traduccion:no tenemos pasta para reparar los daños de la crisis, pero  en su lugar permutamos rey por presidente, nos declaramos independientes o expulsamos  unos cuantos rumanos. Por ejemplo, en el caso concreto del PSOE, ver lo que tiene la nueva pulsion republicana de edipica muerte del padre que ganaba elecciones con la Constitucion de 1978.Y ojo con el complejo de Edipo, por que con frecuencia se olvida que  quien practica la liberadora muerte del padre debe a continuacion casarse con su madre y rematar sacandose los ojos.¿Estamos dispuestos a comprar el pack completo ?