Archivo mensual: agosto 2013

EXABRUPTO VERANIEGO

( En el recuerdo de mis padres, tan distintos y distantes; tan añorantes y añorados ).

Por razones personales, estas fechas veraniegas enlazan con mis orígenes y avatares familiares y con discusiones de esas que “hoy consisten en grupos de personas haciendo cola, esperando su turno para hablar” (Richard Ford). Por suerte, suele coincidir en “la tertulia” el sentimiento básico de democracia clásica, pero, por desgracia en cambio, me veo en el papel de defensor ante la acusación de incoherencia que a veces, injusta, retadoramente, nos endosan a los que, con convencimiento, insistimos en sentirnos social-demócratas (sobre todo, por la razón, lo que no es poco, y lo que implica también duda).Y ello me lleva a esto que escribo; a lo mejor, un exabrupto.

Soy plenamente consciente de que resulta difícil estar a la altura de tantas personas, afortunadamente algunos compañeros y amigos, cuando queremos decir algo que provoque una mínima reacción, aunque sea de disenso. Algo más que el eco onanista a que conduce leer, pensar, sufrir y comentar con la almohada nuestras ideas ante lo que nos circunda.

Una de las aportaciones que deja el río de los años es la del convencimiento , a veces casi sorprendente, de que todo está escrito –o todo ha sucedido ya-, de que no hay mayor temeridad que la del que cree que va a ofrecer un razonamiento que –voilá!- deslumbrará al público asistente como una sesión de magia o el Eureka de Arquímedes. Que, en efecto, nos bañamos en el mismo río (salvo los ricos, ironizaba Angel González). Queda dicho: me curo en salud.

Un cúmulo de circunstancias (entre ellas, por cierto, una cierta inacapacidad, probablemente superable con más esfuerzo y brío) me lleva a estar alejado del estudio especializado, serio y meditado, de cualquiera de los aspectos sociopolíticos del entorno. Nada más lejos , en cambio, del abandono del sentimiento, de la pasión, de la poesía en sentido aristotélico, con los que respiro en esta época.

Abundan, afortunadamente, análisis esclarecedores de las causas, los agentes, las llamadas a la posible corrección de los males. Algunos en estas páginas, que, como bien sabemos, tampoco pretenden mucho más que ser un espacio para nuestro encuentro . Se publican libros y trabajos de profundidad, pero… algo ocurre.(La amistad no llegará a impedirme citar las aportaciones recientes, aquí, de Carlos Navarro. Y la apresurada actualidad, el comentario , hoy mismo, de Jordi Gracia, por citar algunos escritos).

Políticamente, las ideas que para entenderme, para entenderme al menos yo, giran en torno a la social-democracia siguen firmemente asentadas en mi razón y mi sentimiento (distinción nada espontánea, por supuesto, y que quizá podríamos comentar in extenso). Siguen , y esa es la esperanza, en pensadores y teóricos que las sustentan , renuevan y enriquecen. Pero algo pasa. Políticamente (y las causas, digo, son muchas y muy estudiadas ya) las ideas y su mensaje no trascienden. Ni en los medios, ni en el ambiente, ni, por supuesto, en los resultados y previsiones electorales.
No tengo ninguna idea nueva, ni remotamente, para aportar. Aquí mismo, insisto, en este foro, se han señalado causas y efectos, y rechazado exposiciones de éxito como la de aplicar la teoría de las élites extractivas a un sector de la sociedad –público,claro- al tiempo que parece protegerse de la dolencia -pública, claro está para ellos- que diagnostican con alguna razón pero que no afectaría al resto de actores sociales. Por ejemplo, a la academia. No poseo ni dotes, ni datos, ni mucho ánimo. Sí desasosiego.

Y a propósito de este último término, suscribo este pensamiento de Pessoa (no muchos otros): “El hombre de sensibilidad justa y recta razón, si se encuentra preocupado con el mal y la injusticia del mundo, busca naturalmente enmendarla, primero, en aquello que más cerca se manifiesta, y eso lo encontrará en su propio ser. Esa obra le llevará toda la vida”.

Pues sí. Creo firmemente en los postulados racionales de que parten nuestras raíces, y rechazo como tantos otros cualquier deriva sentimental, romántica, pretendidamente histórico-identitaria, etc. Pero no dejo de pensar insistentemente, hasta la obsesión, en los aspectos éticos de las conductas individuales y su reflejo político. Parecerán a muchos sólo un aspecto más de nuestra acción, o se tenderá –se ha tendido- a dar por supuesto que es algo que nos caracteriza. Sé que algunos hemos reivindicado siempre ese aspecto, sin despreciar además la posible vinculación con ciertos sectores no siempre valorados del cristianismo, del anarquismo o de algunos liberalismos. No se trata de buscar santos eremíticos a lo Simón, el Estilita. Se trata de ser ciudadanos con principios democráticos (esos que nuestros hijos o nietos iban a estudiar en “educación para la ciudadanía”), los principios que hunden su raíz, por no ir más atrás, en las Revoluciones francesa y americana. No sólo entrar por ejemplo en el difícil tema de listas electorales, que también, o de apertura a la participación de la sociedad (los “movimientos”, diríamos ahora a veces) en las instituciones ; en la manifestación al exterior de ideas y exposiciones claras. Se trata también de comportamientos. A través de la palabra y de la acción ha de procurarse que quien nos observa o quien participa con nosotros advierta sin dudas que uno está convencido de lo que piensa y dice. Como tantos han señalado, esa “determinación” que, nos gusten o no sus creencias, caracterizaba a la Dama de hierro.
Naturalmente, nada que ver con la ausencia de crítica y autocrítica, de debate, de dudas. Pero sí reclamo que se confiera credibilidad al discurso por el comportamiento , también intelectual, en el día a día. Sea o no una provocación –que no rehuyo , aunque sea contrario a mi carácter-, reclamo la ética previa a toda adscripción concreta de tipo ideológico. No es neutralidad, pues el universo previo del que parto es la democracia. He visto en 45 años de servicio público comportamientos irreprochables en la función administrativa y política. Obviamente, la circunstancia política de España en tantos años matizaría la afirmación, si quisiéramos profundizar, pero para lo que “reclamo” sería de interés subordinado. Demostrada la aptitud –y eso sería un buen “nicho” o caladero para el estudio- ser servidor honesto exige unas elementales actitudes que debieran no ser objeto de alabanza sino sencillamente exigirse a todos . Y, ello es lo que quiero tímidamente –ignoro por qué tímidamente- destacar hoy. Siento manifestar que he notado que de estos aspectos apenas se habla entre nosotros. Seré benevolente (¿?): quizá porque lo hemos dado por sentado. Quizá porque creíamos que teníamos inoculados los anticuerpos precisos ante la teoría ( y práctica frecuente) de la derecha.
Soy consciente de que lo que acabo de improvisar (improvisar por escrito) es un tanto naif. La observación de lo que le pasa a la socialdemocracia está dando lugar a análisis de otro tipo, por supuesto más de fondo, aunque bastaría leer los estudios sobre Weimar para observar casi con pasmo cómo se repiten las maniobras de los poderosos (sí, ataque a la contratación colectiva, ataque al seguro de desempleo, “modernismo reaccionario” en lo cultural, medios de comunicación, enemigo exterior – con preocupación circunstancial en nuestro caso por pescadores tras una reforma laboral expropiatoria para la generalidad de los trabajadores, pescadores o no,o el castigo más concreto a sectores (tradicionalmente) “díscolos”-).Pero con crisis o sin crisis , no parece claro el cuidado en la selección y seguimiento de nuestros representantes, y la búsqueda general de comportamientos decentes. He de señalar además, y con cierta aprensión, que a veces se diría que quien reclama estas cosas aparece como ser anticuado, seguidor de epístolas morales o , en el mejor de los casos, predicador de obviedades. Y , si se trata de la práctica política , acabará tachado de “blandito”.

Algo pasa. Los deseos de mucha gente, empezando por los más jóvenes , probablemente no difieran hoy esencialmente de otras reclamaciones reiteradas e intermitentes de mejoras democráticas en sentido amplio. Pero, y volviendo al pasado, no debe ocurrir como sucedió , si se admiten anécdotas, con los jóvenes Arendt o Marcuse, que “no leían periódicos “o “no votaban” en aquellos días en que la reacción preparaba con múltiples armas el asalto a la democracia alemana, que , como toda democracia, mostraba flancos con debilidades, algunas graves y lacerantes en los comportamientos de las fuerzas progresistas. Ello facilitó el funesto alud, con los previos caballos de Troya en las instituciones.

Quiero señalar para todo ello la conveniencia de la reflexión autocrítica, con menos prejuicios, con menos miedo, y de atención serena y receptiva a quienes lanzan algunos dardos sobre la praxis social-demócrata concreta, sobre todo, cuando su armadura es progresista, dicho sea en sentido nada estricto . (Lo que nadie pide son esfuerzos masoquistas de lecturas de otra índole). Podrán ser injustas algunas apreciaciones de aquéllos, como lo serán las nuestras y nuestras contraargumentaciones, pero muchos anális y quejas son certeras, obedezcan o no a cada peripecia personal (otra vez más, como la peripecia de uno mismo). Y esas apreciaciones contienen un doloroso desencanto sobre nuestra práctica y nuestra coherencia ideológica.

Yo me acuso.” Cuando la gente se hace mayor se vuelve más tolerante. Quizá porque tiene más que tolerar en sí mismo.”. No es mía la frase, ni tampoco la de uno de esos autores con desencanto que señalaba que “no es que no existan certezas, sino que existe la absoluta certeza de que no hay certezas”. Que “es una tarea ímproba combatir a los absolutistas y a los relativistas al mismo tiempo: sostener que no existe una solución totalitaria e insistir al mismo tiempo en que, sí, los de nuestro lado también tenemos convicciones inalterables y estamos dispuestos a luchar por ellas. Tras varias lealtades pasadas, he llegado a creer que Karl Marx tenía toda la razón cuando recomendaba una duda y autocrítica contínuas” (Hitchens).

Comprendo que estas líneas se tomen como deshilvanado desahogo, pero, desde el cambio constitucional, pienso más en esto y en la igualdad y fraternidad (supuesta la libertad) que en llamar violencia de género a la muerte de un matrimonio de ancianos desesperados y probablemente solos , como acabamos de hacer esta semana.

ECONOMÍA Y TRABAJO II/PASEO POR EL LADO SALVAJE

 

 

 

 

Como no podia ser de otra forma,la diversidad de planteamientos  científicos y políticos sobre la relacion trabajo-economia(no sean mal pensados , no me refiero a los Ministerios) se ha puesto especialmente de relieve con la crisis ,en los planteamientos sobre los orígenes del desempleo en la crisis y sobre la recuperación del empleo tras esta. Y no hablamos de dos mundos,  científico y  político, aislados, porque, especialmente si nos fijamos en los planteamientos conservadores, las similitudes  son evidentes.No sabia muy bien Sartre  la magnitud del melon que abria cuando empezo a teorizar sobre el compromiso politico del intelectual.

En el ámbito de la economía laboral las visiones críticas del funcionamiento del mercado de trabajo , que justifican las reformas desreguladoras / flexibilzadoras, se han polarizado en torno a la igualación/reducción de los costes del despido, con el ejemplo paradigmático de la propuesta de contrato único, y en torno tambien  a la descentralización/desregulación de la negociación colectiva.Los Insiders sindicales son nuevamente los villanos de la funcion, en un momento en el que desde ambitos digamos que menos cientificos se difunden visiones caricaturescas de los sindicalistas, coincidentes  por otra parte con las que tambien se emiten respecto de los politicos.La verdad es que a estas alturas del verano ya no se muy bien si nada es gratis , pero si tengo una razonable certeza acerca de que casi nada es casual

En el plano político ,la reforma laboral de 2012 ha asumido plenamente estos planteamientos respecto de la negociación colectiva, con la prioridad legal absoluta del convenio de empresa, la decadencia de la ultraactividad o la plena modificabilidad de los convenios sectoriales. También esta reforma ha apostado claramente por la reducción de los costes del despido, de forma que, sin llegar a la creación legal del contrato único, se han establecido de hecho elementos básicos del mismo. Y la trayectoria hacia este contrato parece aún abierta, pendiente de unos cuantos empujones de la Comisión Europea y del FMI, o de la evaluación de la reforma 2012. Tal y como se desarrollan los acontecimientos, esta evaluacion parece una razonable amenaza de atribución de cualquier movimiento positivo del empleo a los efectos de esta reforma y de paralela culpabilizacion a la insuficiencia flexibilizadora de las situaciones negativas. Lo que no parece planteable desde estas posiciones es una revision critica respecto del encadenamiento desempleo-rigidez-reforma –empleo, que llevaria a profundizar en la influencia de otros factores, desde la implacable consolidación fiscal a la  poco productiva estructura productiva española.

 

Al igual que antes señalamos que la primera discrepancia en los enfoques de la economía laboral estaba en la propia descripción del mercado de trabajo, ya están apareciendo señales de una relectura de los motivos de la reforma 2012 y de una interpretación de sus efectos que se alejan considerablemente de la realidad. Para empezar se realizan ejercicios contrafactuales de proyección hacia el pasado de los efectos que habría producido la reforma de estar en vigor a comienzos de la crisis, llegándose a afinar en miles el número de extinciones contractuales que no se habrían producido. Y para continuar, se magnifica la relación entre cualquier dato positivo del empleo con la reforma. Y para ello se confunden nuevamente hechos, causas y resultados. Por ejemplo, se dice que la reforma laboral ha producido moderación salarial (por cierto¿habia referencias a este motivo en la Exposicion de Motivos de la ley 3/2012?), incrementos de la productividad y mayor utilización de la flexibilidad interna frente a la externa, ignorando que la moderación salarial se ha producido a lo largo de la crisis, siguiendo las pautas marcadas en los acuerdos interconfederales, que la productividad que se ha incrementado es la pasiva del trabajo, como consecuencia de la reducción del número de ocupados, y que el aumento de las medidas de ajuste no extintivo se inició ya antes de la reforma 2012 y se produjo fundamentalmente a través de la negociación colectiva.

 

No parece aventurado calificar esta cadena de errores y distorsiones en la descripción y diagnostico del mercado de trabajo  de  maquiavelismo.Maquiavelismo  serie B , por que en la argumentacion sin duda que manca finezza , pero no carente por ello de un cierto retorcimiento:el fin del empleo justifica los medios de las prescripciones flexibilizadoras , y , a partir de ahi , estos medios son fines que justifican el medio del diagnostico manipulado.Y en esta hibridacion de medios y fines puede aparecer una nueva combinacion , en la que el medio flexibilizador del debilitamiento de la negociacion colectiva se constituya en el real fin de todas estas operaciones.Gran ocasion esta para recordar lo que Jose Luis Pardo nos recordaba recientemente sobre la idea de Camus de que son los medios los que justifican los fines *

¿Podemos confiar en  que  los planteamientos de revision de los efectos de las politicas de austeridad ,que parece se abren paso incluso en los templos de la ortodoxia economica, reviertan estas tendencias?.Pues no parece que  convenga confiarse, por que los efectos practicos de esta posible revision no acaban de materializarse, y tambien por que  empieza a generarse un nuevo discurso en el que el levantamiento del pie en el acelerador de la austeridad tendria que venir compensado por una mayor intensidad de las reformas estructurales. Adivinen en que estructuras estaran pensando.

 

*Cuña comercial :Lean a Pardo. 5000 caracteres con espacios de “Esto no es Musica”, o articulos como “El ciclo que viene” o “Las trompetas de la soberania arcaica” dejan convertida en estatua de sal  toda la prosa, la poesia , la prosa poetica y la poesia prosaica  generada por  la crisis y la indignacion anticrisis.Al menos , hasta que el Maestro Ferlosio le entre al tema.

ECONOMÍA Y TRABAJO I/ EL LARGO Y TORTUOSO CAMINO

El contenido de esta entrada y el de su segunda parte son materiales utilizados en la elaboracion del numero 225-226 de la Revista Temas , dedicado a “Enfoques Actuales en Economia del Trabajo” , en homenaje a Luis Martinez Noval En el  hemos colaborado muchos de los Fabian@shoy. Como tales y , sobre todo, como amigos de Luis queremos agradecer a Temas, en las personas de Jose Felix Tezanos y Paco Fernandez Marugan , esta iniciativa.

 

¿Recuerdan aquellos dias(Rodolfo Serrano seguro que si, un abrazo, compañero) en los que Economia y Trabajo era el titulo de una seccion del periodico El Pais?Eran dias ya lejanos en los que el pensamiento economico -laboral de   este diario no habia sido aun abducido por la nave alienigena Fe-Dea . Pero el verano es epoca clasica de reposiciones de los clasicos, asi que, intentemos un revival y hablemos de Economia y Trabajo, por que, pese a que los debates sobre el funcionamiento del mercado de trabajo en España se vienen sucediendo desde los años 80, estos han cobrado especial intensidad en estos largos años de crisis económica y del empleo. Las altas tasas de desempleo, incluso en épocas de crecimiento y la fuerte presencia de la temporalidad son sin duda factores que alimentan el interés por las relaciones entre economía y empleo, que constituyen en definitiva el objeto de la economía laboral.

 

En una visión que puede parecer esquemática, pero que resulta ilustrativa, podríamos decir que tanto en el ámbito científico como en el político existen dos enfoques y dos momentos que marcan las divisorias en el terreno de la economía laboral. En una perspectiva histórica, el momento crítico en la evolución de la relación entre crecimiento y empleo sería la crisis económica  que siguió a la crisis petrolera de los 70. Hasta entonces el empleo se presentaba como un fruto inevitable del crecimiento económico, al igual que el desempleo lo era de las crisis. En ese contexto se produjeron los consensos políticos y los pactos sociales que definieron a la Europa democrática de las posguerra, orientados a negociar la distribución de los resultados del crecimiento, en unos casos en la relación entre salarios y beneficios empresariales, en otros en el terreno de la redistribución de la renta, por vía fiscal y por las instituciones del Estado de Bienestar. Pero la lenta recuperación del crecimiento económico tras los shocks petrolíferos de los 70 no vino acompañada de una paralela creación de empleo, y esto produjo reacciones en diferentes direcciones en las que pesaban considerablemente los enfoques ideológicos.

 

La respuesta socialdemócrata, de corte Keynesiano, se basó en la necesidad de acciones públicas para apoyar la creación de empleo, articuladas en torno a la idea de políticas activas de empleo, significadamente las de mejora del capital humano a través de la formación. La respuesta conservadora, como un aspecto más de la oleada neocon de la época, se basó en atribuir a las rigideces del mercado de trabajo, particularmente las atribuidas al poder sindical, los problemas para la creación de empleo. Y en todo caso, desde prácticamente todas las posiciones, se planteó la necesidad de revisar los efectos sobre el empleo de la regulación laboral, siendo el término adaptabilidad (sustituido en los últimos años por flexiguridad) el que reflejaría el terreno común de los distintos debates.

 

Este fue un debate político, social( naturalmente, se produjo tambien  en las relaciones entre los interlocutores sociales) y también científico, porque en los análisis del mercado de trabajo se observaban también diferencias. En una visión más directamente científica podríamos hablar de dos enfoques del mercado de trabajo, el neoclásico, que considera el mercado de trabajo analizable como cualquier otro mercado(podriamos asi calificarlo de enfoque “mercadista”), y el institucional, que entiende que este mercado cuenta con instituciones específicas que se desenvuelven en el contexto de instituciones sociales más amplias.Lluis Fina y Luis Toharia serian con certeza las figuras de referencia de esta corriente

 

En una perspectiva más conectada con el debate político y social (aunque también guarda relación con la división científica señalada), podríamos hablar, en primer lugar, de enfoques de la economía laboral que atribuyen a las rigideces de la regulación laboral la mayor cuota de responsabilidad, incluso de culpabilidad, respecto del desempleo, la inflación o la baja productividad; y estas rigideces incluyen desde los costes del despido a los crecimientos salariales, pasando por los sistemas de negociación colectiva y de determinación de los salarios. Un instrumento habitual de estos enfoques son los indicadores que miden el grado de flexibilidad de los sistemas de relaciones laborales, que arrojan curiosos resultados, próximos al terreno de las profecías autocumplidas. Por ejemplo,  atribuir rigidez en la contratación a países como España que realizan el grueso de sus ajustes de empleo vía terminación de contratos temporales, para a partir de ahí justificar las medidas flexibilzadoras como remedio del desempleo.

Si hubiese que buscar una figura ejemplificadora de estas posiciones, esta sería la teoría de insiders vs outsiders, según la cual es la actuación autoprotectora y egoísta de los primeros (trabajadores con contrato fijo y alto nivel de protección y sindicatos que defienden exclusivamente a esta su clientela, la culpable de los males de los outsiders, desempleados y trabajadores precarios.Y, al igual que las grandes sagas de superheroes ademas de secuelas generan reboots, en los que se reescribe el mito fundacional(“El Hombre de Acero” es el ultimo ejemplo), aqui tambien aparecen nuevas criaturas de la misma raza, como el Contrato Unico.

 

Por otro lado, aparecerían los enfoques de la economía laboral que, desde la valoración de la importancia del conjunto de instituciones que pueden influir en el mercado de trabajo y del papel que puede desempeñar la regulación laboral su funcionamiento, consideran que las relaciones entre crecimiento económico y empleo son más complejas. Para empezar, se revisa críticamente la descripción del mercado de trabajo y su funcionamiento que resulta de los indicadores de flexibilidad, y desde esta diferente descripción del mercado de trabajo se elaboran diagnósticos no basados exclusivamente en los efectos de la regulación laboral y las relaciones laborales colectivas en el empleo.

Desde estos enfoques de la economía laboral se considera que sobre el crecimiento económico y el empleo pueden confluir una diversidad de instituciones y situaciones, desde el sistema educativo al modelo productivo. Y también se piensa que las relaciones entre ambos factores no son monocausales o unidireccionales, ya que al igual que el crecimiento puede influir en el empleo, también el empleo, y el tipo de empleo, pueden influir en el crecimiento y en el modelo productivo. No hace falta insistir en que estos enfoques ven con naturalidad y sin culpabilizaciones la actuación sindical en las relaciones laborales y el carácter colectivo de éstas. Y esto no solo desde la perspectiva  del encaje del funcionamiento de la economía en un modelo de economía social de mercado, si no también desde el de la propia eficiencia económica.

 

Los ejemplos de países que combinan elevada productividad y sólidas instituciones laborales constituirían constataciones prácticas de los límites del pensamiento/contrato único en materia laboral. Y también lo sería la constatación de los efectos negativos para la eficiencia económica de la caída de la demanda derivada de los modelos que relacionan competitividad con bajos salarios, o las dificultades para encajar en las estrategias macroeconómicas los sistemas de determinación de los salarios, no solo centralizados, si no dispersos.