Fijar objetivos es una decisión política, aunque no la tomen políticos

Hay una corriente que se extiende peligrosamente que pretende excluir a los cargos electos, en particular, y a las personas políticamente reconocibles, en general, de diferentes ámbitos de la vida social y civil. Ahora bien, debemos tener claro que excluir a los políticos no es sinónimo de excluir a la política. Se seguirá haciendo política, pero escondida detrás de presuntos argumentos técnicos.

Hagamos un poco de memoria. Conviene recordar quiénes forman parte de los máximos órganos de dirección públicos y privados y qué se hace en ellos. Los máximos órganos decisorios determinan los objetivos de las entidades que dirigen, tanto en el ámbito de lo público como en el de lo privado.

En el caso de las empresas privadas, los consejos de administración están integrados mayoritariamente por representantes de la propiedad que tratan de hacer valer los legítimos objetivos de ésta: normalmente asegurar la existencia de beneficios que distribuir. Ahora bien, la pregunta es si ganar dinero es el único objetivo posible o si puede haber otros objetivos diferentes. Es obvio que puede haberlos. Seguro que a todos se nos ocurren otros objetivos diferentes, entre los que se encontrarían, maximizar empleo, atender determinados colectivos, alcanzar la máxima calidad o múltiples combinaciones de todos ellos …

Una vez asentado que en cualquier ámbito de la vida pueden existir multitud de objetivos entre los que hay que elegir, la cuestión es cómo o quién decide cuál de ellos es el que se debe alcanzar.  La elección significa que quienes deciden tienen un esquema de prioridades y de preferencias que explica la elección realizada.  Expresado de otra manera, si pueden existir otros objetivos, todos igualmente legítimos, quienes mejor pueden representar las preferencias de la sociedad en cada momento son los cargos electos. Diría más. A la hora de hacer valer este otro tipo de objetivos, los cargos electos tienen un plus de legitimidad, porque cuentan con el respaldo que dan los votos junto a la posibilidad de revocación a través de las urnas.

Es evidente que todas las personas poseen los valores e ideología que configuran su personal orden de prioridades que, en todo momento, les orienta en su toma de decisiones. Eso ya es política: decidir de acuerdo con unos valores y unas preferencias. En consecuencia, la expulsión de “los políticos” de los ámbitos de decisión no significa una expulsión de la política. Expulsar de los órganos de decisión a los cargos electos es acallar la legítima voluntad de la sociedad en beneficio de no se sabe muy bien qué objetivos, ni qué rendición de cuentas; pero no es abandonar lo que despectivamente llaman “política”. Es más, la política seguirá presente en los consejos u órganos de decisión, pero estará de una forma no explicita, no transparente, ni revocable a través de un proceso democrático. Estará enmascarada bajo presuntas decisiones técnicas neutrales, pero que en la mayoría de los casos serán realmente elecciones políticas.

Más bien creo que, dada la extracción social y el sistema de elección de los miembros de buena parte de esos órganos, lo que se conseguirá es que queden excluidas las posiciones diferentes a las visiones más tradicionales. Porque ya se sabe que la doctrina de los medios más ranciamente antidemocráticos es que cuando dicen “política”, quieren decir “izquierdas”, porque cuando es de “derechas” es “profesional o técnica”. Para esos, ser profesional es incompatible con ser de izquierdas.

Lo que llama la atención en medio de todo este griterío que se llama antipolítico, pero que realmente es antidemocrático, es que una parte de lo que se llama “izquierda” apoye el alejamiento de los cargos electos de los puestos de decisión, incluso de las personas públicamente reconocidas como de izquierda aunque no sean cargos electos.

A mi juicio esta posición es un claro error, por una razón doble: la primera, porque si la izquierda cree en una sociedad distinta, tiene que ser capaz de defender sus postulados en cualquier órgano de responsabilidad.
La segunda razón es que si no hay personas con valores e ideología de izquierda en los órganos de decisión, sólo habrá personas con valores e ideología de derechas… ¿o es que nos vamos a creer que alguien no tiene ideología? ¿O es que van a desaparecer los órganos de decisión?

No se trata de que los cargos electos lo ocupen todo, pero frente a quienes excluirlos de todos los ámbitos de decisión, sí es conveniente recordar ahora el valor y la legitimidad de las posiciones expresadas por las personas elegidas por la ciudadanía para representarla.

Una respuesta a Fijar objetivos es una decisión política, aunque no la tomen políticos

  • juan calabozo dice:

    Sugiero a Fabianos la creacion de una Categoria de busqueda denominada Seguridad Social donde tengan cabida los multiples articulos sobre el tema, ahora englobados en “sin categoria”, sobre todo los de Luis M. Noval asi de paso le hacemos un merecido pequeño homenaje.
    Echaremos de menos sus comprometidos y lucidos analisis de la reforma del Sistema de Pensiones en un momento en que estas han pasado a ser primer objetivo del “ajuste”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>