la expropiación del lenguaje: la austeridad y Martínez Noval.

Ha muerto Luis Martínez Noval. Por respeto sobre todo a su memoria, a su modo de ser, procuraré que estas lineas no sean hagiográficas, y rehuiré en lo posible la referencia a recuerdos personales. Sólo adelantaré que era benévolo testigo de mi dispersión en el discurso, como aquí se verá.

De Martínez Noval se ha dicho que era un hombre austero. Resultaba ser austero un objetor de la “austeridad”. De esta especie de oxímoron quiero hablar brevemente, como homenaje y recordatorio.

Los poderes -yo diría “la derecha” si no fuera por la anacronía, ya que lo que ocurre se hunde en el origen de la civilización- no sólo son dueños de las cosas sino también de las palabras. Y respecto de unas y otras, primero viene la conquista, la apropiación, y después la transformación. Poseen las cosas, las palabras y los medios de transmisión de unas y otras. Saben que lo que no se nombra no existe (Steiner), y si se nombra debe nombrarse y existir “como procede”. Sé que ésto es sobradamente conocido por quienes me puedan leer, pero creo un deber moral recordármelo y recordarlo. La historia de las palabras sufre esta involución, y, con frecuencia, nos contamina a todos. Incluso hemos podido llegar a trastocar nuestros “aforismos”, casi dogmas, sobre los impuestos hasta no saber en qué orilla acampamos.

El Poder escribe la historia. Ya se sabe. A veces, abiertamente: conocemos la Guerra de las Galias por el general vencedor, y, en las de este siglo por los medios escritos y cadenas televisivas de los invasores. Y, por desgracia, el pueblo romano y los pueblos de hoy saludan con laureles a los elegidos por los dioses.

Hace treinta años la austeridad era virtud de gente modesta en el vivir, al margen del grupo de pertenencia. Hoy dia, la austeridad es palabra mágica que, salvo que hagamos como Ulises frente a las Sirenas, justifica el desmantelamiento del Estado de Bienestar, para que -hablemos claro- los sectores poderosos obtengan más ganancias y los no poderosos pasen de la austeridad en su sentido genuino a la pobreza. Eso sí, para garantizar, dicen cínicamente, que sea posible mantener algún resto de la actuación del Estado-Leviatán, ese enemigo del Dios-mercado.

Ya en Roma se producía esta manipulación del lenguaje. Sólo recordaré que los Césares ulizaban ampliamente los términos y referencias de la época republicana, pro domo sua, nunca mejor dicho, conscientes del prestigio que la causa democrática de los “mayores” aún podía quedar entre los ecos de los muros. Pero pronto vendría el día en que el pueblo romano llegó a gritar: “nos ordenas ser libres, lo seremos” en oración al emperador Trajano. En la evolución de su práctica política, Roma asimilaba poco a poco la imagen misma que antes de su triunfo despreciaba siempre ante el enemigo. Azaña alabado por Aznar no es nuevo aunque sorprenda (Me permito recomendar el precioso libro “La lengua del Imperio” de Juan Luis Conde).

Pero “vengamos a lo de ayer, que también es olvidado como aquéllo”. No me extenderé, por obvio, y por explicado sobradamente en éstas y en otras muchas páginas en lo que está sucediendo en cuanto a pérdida de derechos. Asistimos atónitos a una guerra que ni literalmente es incruenta, aunque sin Panzers, en la que se pulveriza los derechos en trance de adquisición e incluso los adquiridos. Y entonces, por concesión a la nostalgia, recordaría con Luis Martínez Noval el análisis de la “irregresividad” de las normas a que con bastante razón y mucha brillantez nos sometía Olabarría Muñoz, con obligada cita de Persiani y tantos otros. Y qué decir del uso alternativo del derecho que justamente en sentido contrario al predicado por Barcellona usan nuestros operadores jurídicos (y económicos, por supuesto) una vez superada la vergüenza de los propios orígenes y perdido el respeto a las fuerzas de la parte débil del contrato social (o de trabajo). (Leamos la doctrina elaborada ya sobre la propiedad “privada” expropiada estos dias por el Gobierno andaluz). Siempre pensamos en el consenso entre la socialdemocracia y la democracia cristiana como afortunada conjunción para el logro de una sociedad esperanzada pero tal acuerdo no es ni siquiera mentado por las derechas en el poder, salvo aislados arrebatos, pronto silenciados. ¿Qué se hizo el Rey Don Juan? ¿Qué fué de las dos corrientes políticas?. Algo se ha hecho mal, como hablamos no hace ni un mes en el Regina, algo hacemos mal. Pero esta evidencia en la que debemos pensar y repensar no es de este lugar, salvo para insistir en la seriedad intelectual de nuestro amigo, también en los disgustos.

Para ir terminando no me resisto a callar tres despropósitos como muestra de la velocidad con la que cambian los significados, prescindiendo aquí de indagar intenciones, ocultos vasallajes o ignorancia culpable.

No olvidemos que pudo mandar en EEUU un personaje multimillonario que declaraba soezmente “estar también en desempleo” (Romney, Florida 2011).

El 26 de marzo de 2013 escribía Salvador S. en un periódico de Madrid: “De un lado naufraga el Estado de Bienestar creado a partir de ideas marxistas y no desde los principios económicos, humanistas y justos (sic)”. El creador de la expresión “Welfare State”, el Arzobispo William Temple quedaría atónito. El primer impulsor de pensiones publicas, el Canciller de Hierro, desenfundaría el sable. Lord Beveridge se sentiría confuso. Pues nada: éstos son los ideólogos o creadores de opinión.

En otro periódico se titulaba el 9 de abril: “El PS portugués pide el fin de la austeridad”. Hace treinta y cinco años conocí a Martinez Noval. Era un hombre austero (y modesto en exceso). ¿Quién podría adivinar entonces que los socialistas iban a pedir el fin de la austeridad? Los historiadores de la semántica no descansarán. Pero ¿no significa ésto que perdemos incluso en el manejo de la lengua? ¿Tenemos, al menos, una Circe que nos advierta del variado gorjeo de las palabras-sirena? ¿Lograremos ideas y palabras que signifiquen democracia sin apellidos? ¿Conseguiremos que quienes las trasladen a los demás sean seguidos en la austeridad primigenia que también practiquen?

Martínez Noval era economista pero no de esos grupos tan numerosos que ocultan vínculos y que embriagan con cifras y abstracciones sin atender el contexto, cuyo mejor espejo seria la “obsolescencia programada” aceptada sin escándalo. Ese tipo de teórico a cuyo “dictado” se ha llegado a comparar con la situación que en psiquiatría se atribuye a quien sufre delirios, por estar programado para no ver lo que no se quiere ver (la idea es ajena, por supuesto: por ejemplo, Jordi Pigem). Obvio resulta que tampoco sufren por quienes padecen (sujeto último de la economía), pues no los ven, ni escuchan, al menos, el Sermón del Monte.

Finalmente, puesto que Luis Martínez Noval era amante de la literatura y del cine, me permitiréis un Rosebud particular, aprendido de un humilde y gran compañero que lloró como nadie esta muerte y cuya frase de ya lejana felicitación repito ahora: “Luis:¡Tira, que libres!.”

Manuel Sampedro Gallo

Una respuesta a la expropiación del lenguaje: la austeridad y Martínez Noval.

  • Jesús Arango dice:

    Que razón tienes Manolo, nos han robado hasta el lenguaje. Ahora en vez de privatizar se dice “externalizar”; cuando se recorta un derecho o un servicio público se afirma que se “racionaliza”, o se “concesiona”, que es la ultima aportacion que le he escuchado a la Ministra de Fomento, Ana Pastor. Por eso no debería extrañarnos que la inefable Ministra de Sanidad, Ana Mato, se dedique a repetir como sí de un loro se tratase, que sus recortes van encaminados a defender “una sanidad universal, pública y gratuita. O que esa Presidenta -a tiempo muy parcial- de Castiila-La Mancha, la señora Cospedal, añada sin sonrojarse una nueva categoría a las modalidades del despido: “el despido simulado y en diferido”. Todo esto me trae a la memoria a un excelente profesor que tuve cuando estudiaba Económicas, Jane Solá, que nos recordaba que ya Karl Marx decía: “ojo, con el lenguaje persuasivo de los libros”. Seguro que estos filibusteros del lenguaje no podrán entender tu recuerdo emocionado de un amigo que se ha ido: peor para ellos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>