Archivo mensual: julio 2012

Las cosas, en su sitio: la economía alemana

El prestigio que ha alcanzado la gestión macroeconómica de la economía alemana parece no dejar lugar a dudas. La economía alemana crece cuando el resto de la eurozona o sestea o decrece; el empleo en Alemania atraviesa la crisis sin accidente alguno e incluso con moderado crecimiento; y qué decir de su balanza de pagos que sostiene en estas circunstancias que vivimos desde el 2007 un insultante superávit con aumento de cuota de mercado. Sí, es cierto y verdadero: la economía alemana es la locomotora de la eurozona.

Sin embargo, la experiencia enseña que todos estos arrebatos de excelencia que pueblan los medios de comunicación (milagro alemán y cosas por el estilo) siempre son susceptibles de matices, de pequeñas adversidades que rebajan los superlativos para reducirlos a términos de normalidad. No debiera de resultarnos a los españoles extrañas tales prevenciones respecto a los juicios desmesurados en relación con cualquier éxito económico, si recordamos que similares circunstancias se vivieron en la economía española en el período que va de 1994 a 2007 y que, en su momento, se habló del “milagro español” al socaire del “España va bien” y del “mejor sector financiero del mundo”.

Años después, los españoles constatamos con estupefacción como aquellas desmesuras contribuyeron a enmascarar un cáncer en nuestro sistema sanguíneo: el sector financiero de nuestra economía. ¿Volvemos a repetir idéntico error de percepción con la economía alemana del momento? Según y cómo. Lo que son precisos son argumentos y cifras.

Alemania sufrió en el año 2000 el estallido de una burbuja que se vino en llamar telecoms bubble (burbuja de las telecomunicaciones) y que tuvo como consecuencia inmediata el deterioro de los precios de los activos de las empresas alemanas. Las empresas germanas no dejaron de ser competitivas (lo prueba su balanza comercial)  pero a pesar de no estar en la antesala de la quiebra dedicaron sus flujos de caja a la devolución de su deuda. Una situación de esa naturaleza es a la que Richard Koo llama recesión de balances[1]. Alemania, como es bien sabido, vivió esa situación hasta 2005 a juzgar por sus cifras de crecimiento.

En ese período el país germano vivió una etapa a la que alguna gente denomina como la reinvención de Alemania (lo fundamental había sido la unificación a partir de 1989). Lo más significativo de ese paréntesis recesivo fue la aparición en 2002 de un grupo presidido por Peter Hartz (director de personal de Volkswagen) que se denominó Comisión para los servicios modernos en el mercado laboral. El citado grupo produjo cuatro propuestas que se convirtieron en leyes en 2003, 2004 y 2005, y que ahora regulan el mercado de trabajo. Las consecuencias de ese cambio son extremadamente fáciles de imaginar cuando quienes estando en la redacción de las normas que van a proponer les endosan a éstas el calificativo de modernas. Sí, han acertado, las consecuencias han sido, como no, el aumento del empleo, sin duda, pero también, y de modo más notorio, el incremento de la precariedad en los empleos.

Basta comparar la estructura del empleo en la década de los 90 con la del año 2005. En esa fecha (cuando las reformas Hartz ya eran la norma laboral) los contratos regulares eran sólo el 65,5% de la población ocupada y los contratos atípicos el 34,5%, cifras considerablemente distintas a las de los primeros 90[2]. En el año 1992 los contratos regulares eran el 80,5% y los atípicos el 19,5%. Esas son las diferencias en el mercado laboral alemán que propiciaron las sucesivas reformas Hartz (hubo cuatro entre 2003 y 2005). ¿Cómo calificar esas diferencias?  Sin ninguna duda como un deslizamiento por acusada pendiente hacia la precariedad en el empleo, hacia la dualidad en el mercado de trabajo, hacia la proliferación de los bajos salarios. Bajo el manto de la excelencia al que me refería al comienzo de estas líneas se esconde una cruda realidad que dista mucho de la imagen que los medios de comunicación transmiten en nuestro país. Tan sólo dos cifras bastan para describir la realidad: en septiembre de 2011 la cifra de ocupados ascendió a 41,4 millones, aunque tan sólo 29,0 millones con derechos de seguridad social (cifras de la Agencia Federal de Empleo).

Si alguien quisiera indagar como son posibles las cifras anteriores lo más sencillo es recomendarle la lectura de Minijobs: no es oro todo lo que reluce (Carlos García Serrano. El País 6/01/2012). Y de paso ampliar los conocimientos que la lectura proporciona con la aclaración de cuáles son los contratos atípicos en Alemania. En primer término se encuentran los contratos a tiempo parcial que conllevan seguridad social y que permiten retribuciones superiores a 400 euros; en segundo lugar los minijobs, que en este momento no tienen límite temporal (anteriormente no podían superar las 15 horas semanales) aunque sí retributivo fijado en 400 euros y sin cotización ni impuesto alguno para el trabajador; después están los contratos temporales de toda la vida, si bien las cifras oficiales de temporalidad en Alemania no incluyen a los aprendices; y, por último, los empleados con el contrato triangular de las ETTs.

La consecuencia de toda esta panoplia de contratos atípicos es la degradación de los salarios hasta el punto de que, en estos momentos, a Alemania tan sólo la superan en la OCDE, en porcentaje de bajos salarios, Korea y Estados Unidos, entendidos estos como porcentaje de salarios que están por debajo de los dos tercios de la mediana (el valor de una distribución que tiene tantos valores por encima como por debajo) de los salarios del país.

Por todo ello hay suficientes razones para pensar que el fulgor de la economía alemana es perfectamente revisable y que conviene poner las cosas en su sitio. Los franceses ya lo han hecho[3]. Pues bien, la primera consideración que debemos tener presente en esa tarea es la de las complicadas circunstancias que el país germano afrontó con la unificación posterior a la caída del muro de Berlín, porque no debe de ser fácil digerir en poco tiempo la economía de una parte de su territorio que había vivido durante más de cuatro décadas al margen de los mercados, en una economía planificada y subvencionada. Alemania lo hizo pese a la recesión de las telecoms que líneas atrás se recordaba.

Ahora bien, lo hizo precarizando, dualizando y depauperando el mercado de trabajo. Lo consiguió manteniendo e incrementando la cuota de su participación en el mercado mundial que en su caso es mayoritariamente un mercado intra-UE. Y en este punto será preciso recordar que en enero de 2007, Alemania elevó el tipo del IVA del 16 al 19%, reduciendo al tiempo las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social en un 1% del PIB, lo que a todas luces es una medida pensada para empobrecer al vecino con el que se comercia, o en todo caso, sino pensada, con esas consecuencias.

Entonces, ¿no les suena todo esto? ¿No son una medida tras otra, o parecidas, de las que Alemania ha estado imponiendo a nuestro gobierno?  Los resultados van camino de significar la trasmutación del modelo social europeo en algo muy distinto a lo que conocemos como tal ¡Qué horror descubrir que en Alemania los outsiders se cuentan por millones!

 

 

 



[1] Richard Koo (2009): The Holy Grail of Macroeconomics. Lesson’s from the Japan’s Great Recession. (pág.35)

[2] Contrato regular = tiempo completo, no temporal, no tiempo parcial limitado, no ETTs.

Contratos atípicos = temporales, tiempo parcial, tiempo parcial limitado, ETTs.

[3] Démystifions l’Allemagne. Recherche Economique. Natixis. 24 de noviembre de 2011. nº 835.

Nos duele Europa

Las dramáticas circunstancias que vive la economía española justifican la utilización del viejo lamento unamuniano, aunque en este caso referido a Europa. Efectivamente, nos duele Europa, y además nos duele la Europa a la que llamaba a su puerta aquella sociedad española de los postreros años del franquismo que entendía España como problema y Europa como solución.

La insistencia en el lamento cobra todo el sentido de pesadumbre cuando los trabajadores españoles activos y parados, la clase media, los pensionistas, los incapaces de disfrutar de la autonomía personal y un largo rosario de damnificados, escuchan desde el fatídico 9 de mayo de 2010 que buena parte de sus sufrimientos y carencias, sus pérdidas de derechos, sus rebajas de rentas, no son otra cosa que las exigencias que Europa (dicho así, sin matiz alguno) plantea a los gobiernos españoles desde la citada fecha.

El dogal europeo, presupuestario y financiero, además, se ha ido apretando a medida que han ido apareciendo día tras día datos no conocidos de nuestra economía y de nuestras entidades financieras. Los mercados, la Comisión Europea, el Eurogrupo, la prima de riesgo, las abstracciones y las instituciones, todas ellas, señalan desde el comienzo una estrecha senda por la que tiene que discurrir nuestra economía, y, sobre todo las instituciones europeas, lo hacen sin tener una brizna de consideración con las consecuencias sociales de sus exigencias. Hay que ver a lo que ha llegado el modelo social europeo.

Es verdad que hay otras realidades en Europa y diversas experiencias en el marco de lo esencial de ese modelo, sin duda, pero lo que se ha impuesto a Grecia, Irlanda y Portugal, y se pretende repetir en nuestro país, es lisa y llanamente la demolición de lo que España ha ido construyendo con la solidaridad europea desde el año 1986. Desde el exterior se nos ha impuesto, quieras o no, un modo de superar las adversidades macroeconómicas que el propio gobierno reconoce aceptar a regañadientes por no corresponderse con lo esencial de su propuesta programática.

Las recientes declaraciones de Montoro explicando el origen del nuevo paquete de ajustes fiscales contenido en el R.D. 5/2012 (que tienen inexorablemente sus consecuencias en el ámbito de los derechos sociales) para conseguir un recorte de 56.400 millones euros, es la confesión más sincera que se ha escuchado últimamente de que el gobierno español ha perdido todo el margen de maniobra, toda autonomía para tomar decisiones por sí mismo, y se limita a llevar al BOE lo que desde Bruselas se le dice. Cómo no recordar ahora aquella rueda de prensa de Guindos presentando el “acceso a una línea de crédito en condiciones extremadamente ventajosas” y negando toda existencia de condicionalidad como contrapartida. ¿Podremos creer algo que provenga de Guindos en el futuro?

En ese contexto, lo que repite una y otra vez el Presidente del Gobierno resulta patético: todo lo hace a pesar del desacuerdo de sus ideas con sus decisiones y espera que el tiempo acabe por devolver a nuestro país a la senda del crecimiento y del empleo. Es curioso constatar que para que en el futuro aumente el empleo, tenga ahora que aumentar el paro a niveles estratosféricos y, en todo caso, desconocidos en la OCDE; más aún lo es que para que en los años venideros se incremente la producción tenga ahora que retroceder a niveles del pasado. En suma, todo lo hace por España y los españoles pero seguro de que haciendo lo que hay que hacer, llegará lo que tiene que llegar.

Ese modo de presentarnos el problema que él se esmera en afrontar, contiene verdades de Perogrullo, porque es verdad que la economía en algún momento del tiempo, si es que sigue un comportamiento cíclico, comenzará a reactivarse. Aviados estamos nosotros, y nuestros hijos  y nietos, si no ocurre así. No obstante no es necesario fiarlo todo a un futuro, sino lejano sí a medio plazo. Sabemos de res países de la eurozona a los que por idéntico diagnóstico se les recetó idéntica terapia. Grecia, Portugal e Irlanda, hace años que se sometieron al mismo tratamiento y en estos momentos languidecen macroeconómicamente hablando con crecimientos negativos del PIB, que después de tantos años llevan a pensar no en procesos recesivos sino depresivos.

Pese a todo, constatada la experiencia de esos tres países se insiste en un cuarto (el nuestro) mostrando una contumacia que tan solo tiene una explicación: la ideología dogmática , la existencia de un único pensamiento económico que domina las conciencias de gobernantes y de quienes controlan los medios de comunicación en toda Europa. Todo eso lleva a Draghi a estar preocupado, en exclusiva, por la evolución de la inflación, y se niegue a comprar deuda española en los mercados secundarios. No se lo permite su estatuto fundacional, se argumenta. Y entonces uno está legitimado para pensar que qué estatuto es ese que es indiferente al paro masivo, a la detención del avance científico, al alivio de las penurias de la vejez y la incapacidad, y a un largo etcétera de penurias humanas de presente y de futuro.

Lamentablemente, ésta es la Europa de estos momentos.  Muy distinta de aquella que tantos apoyos financieros otorgó a nuestro país desde el año 1986, y, muy especialmente, después de la Cumbre de Edimburgo de 1992. Y es ese recuerdo de lo que Europa significó solidariamente para nuestro país en la senda de la convergencia, lo que en estos momentos en los que divergemos nos lleva a pensar que la diferencia entre esto y aquello, entre el hoy y el ayer, no es otra cosa que la mayoría que en estos momentos toma decisiones en el ámbito de la UE.

Por si fuera poco con la cruda evidencia del origen de las perentorias exigencias, nuestro gobierno ha escogido tras muchos balbuceos y vaivenes la estrategia de la magnificación de la obligatoriedad, de la inexistencia de alternativas y ha llevado al país a los pies de los caballos. Porque, qué argumentar en contra de quien confiesa una y otra vez que lo que hace no le gusta, que lo tiene que hacer para salvar la escalada de la prima de riesgo del día siguiente, o la emisión de letras de la próxima semana. Efectivamente, queda una vía: conocer la opinión de los ciudadanos; fue lo que intentó Papadopoulos y todos sabemos cual fue su final.

Quedan pocas dudas de que este camino nos conduce al conflicto social, a la divergencia y la depauperación, y, a pesar de ello, nuestro gobierno insiste en su creencia de que lo que hace (obligadamente) nos lleva al reverdecimiento de nuestra economía; es natural que siendo quien son crean que las reformas estructurales (léase laborales) tengan puesta su fe en esas cosas: pura economía de la oferta.

La cuestión fundamental estriba en la desafección de la idea europea de los españoles. Nada distinto de lo que ocurre en otros muchos países. Lo dicen los últimos estudios demoscópicos y lo corrobora la proliferación de partidos antieuropeos y antidemocráticos en muchos países de la eurozona (Austria, Alemania, Finlandia, Holanda, Francia). En un artículo anterior recordaba una reflexión de John Kay en Financial Times que viene a cuento en estas circunstancias: hay dogmas en la ciencia económica que son incompatibles con la democracia.

Un caso de libro: la economía francesa

Los datos macroeconómicos de Alemania justifican sobradamente, al menos en apariencia, la aceptación universal en grado de excelencia, de la gestión de la crisis financiera que está viviendo el país germano. Esa notoriedad de sus resultados macroeconómicos genera consecuentemente la legitimidad que precisa la canciller alemana para erigirse en la guardesa de la ortodoxia económica en la eurozona. Ella es la que dice lo que se debe y lo que no se debe hacer y emplea en ello el soniquete de lo que ellos ya hicieron en su momento. A la postre, la señora Merkel habla siempre con la firmeza de los que tienen la convicción que asegura el viejo adagio de que quien paga manda.

Ese era el panorama dominante en la esfera económica de la eurozona, hasta la aparición en la escena política de un gobierno socialista en Francia. Tal circunstancia ha significado el inicio de la confrontación de dos modos distintos de afrontar el problema en la eurozona, que dará ocasión en el futuro a un juicio comparativo, si es que a Francia se le permite circular por la senda elegida. Los socialistas franceses,  como tantos otros, socialistas o no, no creen que la austeridad por sí sola traiga el retorno del crecimiento y el empleo y se han inclinado desde el inicio de su mandato por una política que combina el rigor presupuestario con las políticas fiscales de estímulo (rigor en el presupuesto nacional y estímulos en el presupuesto europeo).

El rigor en la política presupuestaria nacional se plasma, como vamos conociendo, en un considerable reforzamiento de los ingresos fundado en la imposición personal y abandonando los previstos incrementos en la imposición sobre el consumo (IVA social proyectado para octubre por el gobierno Sarkozy). Así, la imposición sobre la renta de las personas físicas incrementa su tipo máximo hasta el 75%, para rentas superiores a 1 millón de euros anuales; también se incrementan la imposición sobre sucesiones, sobre dividendos de las empresas y sobre el instrumento retributivo de las stocks options.

La reacción a esas importantes decisiones no se ha hecho esperar, como era previsible. En primer lugar la patronal francesa (MEDEF) que ha apelado como consecuencia inmediata a la pérdida de competitividad de la economía francesa; después la respuesta de todos aquellos que entienden que un tipo marginal tan elevado no es otra cosa que una confiscación de rentas que dará lugar a la emigración a lugares más cálidos fiscalmente hablando (qué mal gusto, por cierto, el del gobierno británico ofreciendo asilo fiscal a los empresarios franceses).

La primera objeción pretende tener significado económico, pero es extraño que la competitividad tenga algo que ver con la fiscalidad. En realidad el único indicador cifrado y objetivo de la competitividad (que es la capacidad de una economía para competir en los mercados exteriores) se obtiene de una relación entre precios (medidos por IPCs) y tipos de cambio; nada que ver por tanto con los tipos de imposición sobre la renta. La segunda, que califica de confiscación de renta el tipo del 75% por encima del millón de euros está completamente fundada en cuestiones morales y por tanto no merece ser objeto de discusión. Cada cual, de acuerdo con sus valores y principios, tendrá una opinión sobre el particular.

El tiempo dirá, por otro lado, si en este caso se ha cumplido la prescripción de la curva de Laffer que pretende relacionar el tipo impositivo con la recaudación y que es el argumento preferido de los partidarios de la economía de la oferta en materia fiscal, juntamente con el principio de equivalencia ricardiana.

En todo caso, este episodio fiscal aportado por el gobierno francés da pie a una continuación de la polémica en torno no sólo a la austeridad, sino también respecto a las reformas. Una cosa y la otra, austeridad y reformas, la escuchamos cotidianamente en boca de gobernantes alemanes y españoles. No ocurre así en el caso del gobierno francés que en el escaso tiempo que lleva en el gobierno no ha recurrido al mantra de las reformas como impulsoras del crecimiento y del empleo. No forman parte de los planes del gobierno y nadie se las exige ni recomienda. ¿Hay alguna razón para este mutismo? Hay una que salta a la vista de modo inmediato en el cuadro macroeconómico de la economía francesa: el tránsito de la misma por el grave incidente de la crisis financiera es de una recesión un tanto larga en el tiempo e intensa en la amplitud en lo relativo a la producción, aunque tan sólo a la producción no al empleo.

Lo cierto que revelan las cifras de la economía francesa es que la actividad económica sufrió una desaceleración notable en 2008 (0,1%) y un retroceso importante en 2009 (-3%); sin embargo, el empleo no ha sufrido daño alguno en todo el tránsito que va del tercer trimestre de 2007 al momento presente (primer trimestre de 2012 para los datos), período que en términos de empleo se resume así: si al inicio de esa etapa dificultosa el empleo total era 100, al cabo de doce trimestres es 99. Manteniendo además una tasa de temporalidad en el empleo que permanece estable desde hace más de una década.

Todo ello, por lo demás, teniendo en cuenta que la legislación laboral francesa en lo relativo a la protección del empleo (que mide la rigidez del mercado de trabajo) lidera en la eurozona el índice de la OCDE, que lo calcula teniendo en cuenta todas las variedades de contratos de trabajo y de extinciones de los mismos individuales o colectivas. Es decir, el empleo en Francia, que es el más protegido de la eurozona, se ha mantenido estable en las lamentables circunstancias por las que hemos pasado. ¿Hay alguna explicación respecto a la enorme diferencia respecto de lo ocurrido en España? Sí, la hay, aunque no exclusiva ni definitiva: la construcción ocupaba al inicio de la crisis (IIIT 2007) a 1.770,3 miles de trabajadores y en los momentos de los últimos datos disponibles (IT2012) se eleva a 1.821 miles. Esto es, Francia no infló burbuja inmobiliaria alguna y, consecuentemente, no le explotó nada.

Es curioso que todo ello haya ocurrido en una economía que no se ha ajustado en ningún momento a los postulados del Consenso de Washington. Francia ha venido manteniendo desde el año 1978 una relajada disciplina fiscal con déficits presupuestarios que en varios ejercicios incumplían los criterios de Maastricht, tanto respecto del déficit público como de la deuda soberana; todo ello llega en 2011 a un déficit del -5,2% y a una deuda del 86% del PIB (España 68%) lo que determina la situación de un sector público que en la misma fecha presentaba un gasto público del 55,9% y una presión fiscal del 50,7% del PIB.

Pues bien, en ese panorama macroeconómico la prima de riesgo de Francia alcanza el nivel en estas fechas de 105 permitiendo una cómoda financiación de sus desequilibrios presupuestarios y de su abultada deuda.

Por otro lado, como es bien sabido, Francia ha mantenido la presencia pública dominante en sectores estratégicos como la electricidad (EDF, Areva) o el gas (Gas de France) y también en el sector del automóvil (Renault 17% en manos públicas), y el nuevo gobierno socialista se propone acudir al rescate del grupo PSA-Citroen.

Gobiernos de distinto signo han sostenido esa situación y el resultado está a la vista: un encomiable mantenimiento de la población ocupada en las peores condiciones  conocidas en décadas. Moraleja: hay modos distintos a los que postulan quienes se empecinan básicamente en la flexibilidad de los mercados (incluido el del trabajo) y el adelgazamiento del sector público. Francia es un caso de libro.

 

“EL MERCADO LABORAL ESPAÑOL.3D”Dirigido por la Comision Europea.( V.O. con subtitulos) .

La Recomendacion numero 5  del Consejo Europeo sobre el Programa Nacional de Reformas  de España 2012  hace referencia a la aplicacion de la reforma  del mercado laboral, y a tomar medidas adicionales para aumentar la eficacia de las politicas activas del mercado de trabajo. Hasta ahi , todo predecible en el discurso ortodoxo de la flexiguridad, teniendo en cuenta ademas que en el Considerando 12 se habia dicho previamente que debia hacerse un seguimiento de los efectos de esta reforma en la evolucion de los salarios y en la reduccion de la segmentacion laboral. Da asi la impresion que la reaccion de las Instituciones europeas ante la reforma laboral se mueve en la correccion pòlitica del wellcome y del wait and  see, aunque sin duda que mas cerca del apoyo que de la criticaPero mas alla de las estrictas recomendaciones , los Documentos de Trabajo de los Servicios de la Comision que las sustentan si proporcionan bastante luz luz  sobre la vision bruselense del mercado de trabajo español. Vamos con algunos ejemplos:

 

salarios y negociacion colectiva.

“El pasado año el empleo siguio disminuyendo, mientras que los salarios siguen reaccionando solo parcialmente a la situacion del mercado de trabajo.La perdida acumuladad de empleo en el periodo 2008-2011, del 11.3%,estuvo acompañadad por una subida acumuladad de los salarios nominalesdel 11.2%(subida del 6.9%) para los salarios reales) llevando asi a un aumento de los costes laborales unitarios nominales. El rigido sistema existente de negociacion colectiva impidio un mejor ajuste entre los salarios y la productividad, especialmente al incluir una utilizacion generalizada de una indizacion de los salarios a la inflacion ex post”

“El muy bajo crecimiento de la productividad, de un 0.4% como media, y la elevada subida de los salarios, del 3.6% como media , durante el periodo 1999-2008, subyacen tras el deterioro de la competitividad de los precios registrada durante dicho periodo”

“En los añosa de expansion economica, la competitividad de los precios y los costes en España sufrio un marcado deterioro a causa de la gran subida de los salarios muy por encima de los correspondientes incrementos de la productividad, lo que hizo que el CLU registrara un aumento superior a la media de la zona euro.La expansion de la economia nacional y la disminucion del empleo propiciaron un gran incremento de los salarios. Aparte de los factores ciclicos, influyeron tambien en la determinacion de los salarios, de forma mas general, el sistema de negociacion colectiva y la estuctura del mercado laboral”.

Como ven , ya contamos con un notable Dramatis Personae: perdida de empleo, gran subida de los salarios , bajos incrementos de la productividad, aumento de los CLU. Y entre los personajes del drama  se sugiere algo mas proximo  de la causalidad que de la mera concatenacion,  una suerte de relacion incestuosa , al modo de la de la madre de Hamlet con su cuñado/esposo,. Y siguiendo con la conmemeoracion shakesperiana, el pañuelo que prueba a Otelo la traicion de Desdemona seria en este caso   el sistema de negociacion colectiva

 

La cosa se concreta  mas adelante, cuando  se entra en el detalle de los males/rigideces del sistema de negociacion colectivaespañol previo a la reforma 2012:predominio del nivel sectorial  y provincial, con escasa capacidad de adaptacion  al nivel de empresa, ultraactividad, indizacion. ¿No les recuerda  la mitica frase de Claude Rains en “Casablanca”: !Detengan a los sospechosos habituales!?.

Como dijo Jack El Destripador, vayamos por partes. Respecto de los crecimientos salariales, efectivamente , el incremento pactado nominal para el periodo2008.2011 se situa en torno a las cifras indicada por la Comision, pero el incremento  real , deduciendo del nominal la evolucion del IPC, esta bastante por debajo del 6.9% que señala la Comision: – 0.50 en 2008, 2.54 en 2009, 0.33 en 2010 ,y -0.52 en  2011.Y discordancias de datos aparte, lo que no hay que perder de vista es que de ese incremento , el grueso  corresponde a 2009. ¿Y que paso en 2009?. Que por vez primera desde 1997 los salarios de convenio se negociaron sin referencia centralizada, sin acuerdo interconfederal de los agentes sociales, y vino el subidon. ¿Que mundo es este en el que los insiders y la centralizacion de la negociacion colectiva no producen los nefastos efectos  que les atribuyen las personas/instituciones  de respeto?.¿Por que los vulgares hechos no se acomodan a las sofisticadas teorias?

Respecto de los CLU, la Comision habla de aumento, pero no se acaba de ver donde se encuentra en este periodo.:crecimiento positivo del 2.45 en 2008 y del 1.29 en 2009, mientras que en 2010  y 2011 los  crecimientos son  negativos, de 2.96  y 3.24.Y este seria el momento de recordar como se configuran los CLUR, como relacion entre productividad aparente(producto por ocupado) y remuneracion media por asalariado.Esta remuneracion tuvo un comportamiento paralelo al de los incrementos pactados: 4.31 en 2009,o.01 en 2010, 0.84 en 2011Paralelo , pero mas extremo en el plano cuantitativo, por que suben mas cuando suben y bajan mas, mucho mas , cuando bajan. ¿A que se debe esto?.

Se debe a  que en la determinacion  de la remuneracion media entra, como divisor respecto de las remuneraciones , un factor como el empleo, que en los primeros años de la crisis se reduce fuertemente en numero y se concentra en trabajos de mas alta cualificacion/remuneracion, por iniciarse el ajuste del empleo en los de mas baja cualificacion, por lo general temporales.Por eso, sin despreciar factores como la inercia salarial dervada de los convenios plurianuales, parece que el grueso del incremento se debe a que quienes quedan en el mercado de trabajo post crisis son personas de mayor nivel retributivo.Habria por tanto que relativizar mucho la influencia del comportamiento de los negociadores  colectivos de salarios  en las oscilaciones de la remuneracion media en años de crisis del empleo. Y la relativizacion sera aun mayor si se busca una relacion entre incrementos salariales  pactados colectivamente y evolucion  de la productividad, por que como veremos a continuacion , la explicacion que los propios documentos de la Comision proporcionan de las razones de la indudable baja productividad de la economia española no esta en el terreno de la negociacion colectiva.

Productividad.

En “Algunas perlas (autenticas y falsas )de la actualidad laboral”, Luis Martinez Noval ya señalo , al hilo de un articulo de Angel Laborda,como no se podia hablar de una desviacion de salarios respecto de productividad en el caso español, sino de mayor inflacion trasladada a los salarios nominales, con el dato, ademas, de la dificil conciliacion entre presuntos crecimientos de los salarios reales por encima de la productividad y el hecho incuestionable de la caida de la participacion de los salarios en la distribucion funcional de la renta.

En el caso de los incrementos salariales nominales,  (2.24%, 2.13% , 2.68%), estos son sistematicamente inferiores en el periodo 2008-2011 al crecimiento de la productividad(2.90%,2.64%,2.80%), y no digamos ya respecto de los incrementos reales.¿Y en los años previos a la crisis?.Sin duda que la brecha fue amplia en favor de los incrementos pactados, con una media del 3.60% frente al incremento de la productividad, en torno al 0.40%. Pero la diferencia es mucho menor si hablamos de los salarios reales, que en promedio estan practicamente nivelados con los incrementos de la productividad, lo que refuerza la idea de Laborda del papel determinante  de la inflacion en la perdida de competitividad de la economia española. Y esto  tambien nos pone en la pista de que el desequilbrio salarios productividad esta mas en el lado de esta ultima, que es  baja en la fase expansiva y alta en la depresiva(pasa del 0.36 en 2002 al 2.80 en 2011), frente a unos incrementos  salariales con menores oscilaciones y tendencia  la baja(del 3.85 en 2002 al 2.68 en 2011 )

Antes de seguir adelante habra que responder al asombro del lector¿hemos leido bien que la productividad es mas alta=mejor en plena crisis que en los buenos años del ladrillo?Pues si, por que siendo la productividad el cociente ente PIB y ocupados, y habiendo bajado mas estos ultimos que el PIB(ademas de haberse perdido con la crisis empleos en sectores de baja productividad), el resultado de la division es superior

Y el factor productividad vuelve a ser relevante si volvemos a los CLU,como cociente entre  remuneracion media y productividad.El descenso de los CLU en 2010 y 2011 tiene que ver con el fuerte crecimiento de la productividad y el discretisimo ascenso de las remuneraciones. Y tambien en los años de expansion los CLU descendieron , aunque mucho menos de lo que se incrementaron las remuneraciones, debido en este caso al bajo crecimiento de la productividad.

Bueno, ¿y que nos dice sobre la productividad la Comision?La Comision relaciona los malos resultados de la productividad en los años de expansion con”la gran fragmentacion del tejido empresarial, la importante migracion neta-que contribuyo a la creacion de  empleo en sectores de bajas cualificaciones y baja productividad-, junto con los factores institucionales , como un gasto relativamente bajo en I+D+i y el oneroso marco normativo para las empresas”.

Por mas vueltas que se le de ,en  esta impecable e implacable descripcion de las razones de la baja productivida española el comportamiento de los salarios y sus negociadores esta tan presente como el catolicismo o la dieta mediterranea. ¿Por que entonces esa obsesiva relacion/culpabilizacion del  sistema de negociacion colectiva y los  crecimientos salariales?. Y la cosa sigue, por que en el parrafo siguiente, el documento de la Comision se centra en el factor tamaño de empresa como explicacion de la baja productividad, afirmando, literalmente que “las grandes empresas españolas son igual de productivas, o incluso mas,que las empresas europèas del mismo tamaño. Asi Fedea-Mc Kinsey(si, han leido bien , Fedea)demuestra que España tendria un nivel de productividad un 30% superior al de Alemania(si, han leido bien , Alemania) si mantuviera sus actuales niveles de productividad pero modificarala combinacion de tamaños de sus empresas para que se asemejase a la de ese pais”.

Pero bueno, ¿que pasa aqui?¿es que ya nos hemos olvidado de los males autenticos de nuestra economia , de los egoistas insiders, de la  atenazante ultraactividad ,de las glotonas clausulas de salvaguarda, de la ineficiente negociacion sectorial y del corporativista  erga omnes? ¿Que tiene que ver entonces el modelo de negociacion colectiva de la reforma laboral 2012 con la mejora de la productividad? Y, por cierto , la legislacion laboral pre reforma 2012 ,que se aplicaba a las productivas empresas de mayor tamaño era la misma con la que las de menor tamaño obtenian peores resultados.

Y plantear estas cuestiones  no supone ignorar la contribucion positiva a la mejora de la productividad que  puede venir de los sistemas de determinacion de salarios . Estos sistemas pueden reflejar mejor ,a la hora de determinar los incrementos , la evolucion de la productividad, y , sobre todo , pueden favorecer su mejora, a traves de estructuras salariales con componentes variables en funcion de la contribucion del factor trabajo al desarrollo de la productividad. Al igual que desde los Pactos de la Moncloa y los primeros Acuerdos Interconfederales los agentes sociales optaron por un sistema de determinacion de los incrementos salariales que frenara el hasta ahora predominante riesgo de  tensiones inflacionistas,la concertacion interconfederal podria ahora situar la evolucion de la productividad , particularmente en su relacion con el entorno de la moneda comun, como referente de orientacion salarial. Pero claro , cosas asi ya van apareciendo en el ultimo Acuerdo Interconfederal (por ejemplo,cuando se referencian los incrementos salariales a la evolucion del PIB) y ya sabemos que estos dominios de la negociacion colectiva tienen el grave estigma de ser negociados por los insiders y mas alla del nivel empresarial

Epilogo:Imitacion a la vida

Hay varias ficciones referidas a los mundos paralelos,que conviven con el mundo real, a veces hasta sustituirlo , y que  se construyen a partir de maquinarias que crean apariencias de realidad. Probablemente el clasico contemporaneo por excelencia sea “La invencion de Morel”, de Bioy Casares, en la  que el mad doctor Morel crea en una isla una apariencia de realidad tan convincente que incluye una misteriosa mujer que enamora al protagonista narrador. Derivaciones de esta historia aparecen en productos tan heterogeneos como el clasico de cine club “El año pasado en Marienbad”, de Alain Resnais, , la cult movie palomitera “Desafio Total/Total Recall” , de Verhoeven-Schwarzenegger, o la TVserie de culto “Perdidos”, de J. J .Abrams.

No pierdan de vista estos ejemplos de ficciones reales como la vida misma  a la hora de analizar los datos con los que se intenta caracterizar al mercado de trabajo españoly , especialmente , de identificar sus dolencias y sus curaciones. Por ejemplo ¿Que dirian de un pais en el  que , en plena crisis economica global , la productividad crece al 2. 80 %,los CLUR  decrecen un 3.24%  y los incrementos salariales pactados se situan por debajo de la inflacion y del crecimiento de la productividad?!Cuan felices seran sus habitantes y cuan beneficos sus gobernantes!.¿Sera un pajaro, sera un avion, sera Superman?.¿Se tratara  incluso de Alemania?.Una pista : repasen los datos españoles de estas magnitudes en 2011,que han ido apareciendo a lo largo de esta entrada

El espíritu “fabiano” y el último Consejo Europeo

 

Articulo escrito por Jonás Fernández Álvarez

 
No existe otro carácter más auténticamente “fabiano” que el espíritu de los europeístas en el proceso de integración política y económica del continente. Y digo “fabiano” bajo la connotación primigenia que animó a los intelectuales progresistas británicos a impulsar tal institución a final del siglo XIX en el Reino Unido. El término “fabiano” fue adoptado por George Bernard Shaw, Graham Walls, Sidney Webb, Sydney Olivier o Annie Besant con el objetivo de reivindicar las aproximaciones pragmáticas y moderadas a la resolución de los problemas sociales. Con ello se pretendía rendir tributo a Quintio Fabio Máximo, quien había hecho frente al desembarco de Aníbal en Italia a través de operaciones de resistencia, evitando un combate frontal en la medida que la superioridad del cartaginés era nítida. Pues bien, la Unión Europea hace gala de un acreditado “fabianismo”, espíritu que comparten los impulsores de esta web y yo mismo. Y el último Consejo Europeo es una muestra más de esta aproximación.

La pasada semana, la reunión del Consejo se cerró con dos comunicados finales. Por una parte, en la Conclusiones se establecía una sería de medidas, orientaciones y recomendaciones, entra las que destacaba una estrategia de crecimiento. Esta agenda de crecimiento se centraba en intensificar la profundidad del mercado único, perseverar en el proceso de consolidación fiscal y establecía también un programa de financiación por valor estimado de 120.000 millones de euros para promover el crecimiento económico a corto plazo. Por otra parte, se hacía pública una declaración de la Cumbre de la zona euro en la cual se fijaba la necesidad de establecer un supervisor bancario único, con un peso especial del BCE, paso necesario para permitir la inyección de capital procedente del FEEF y/o del MEDE directamente en las entidades bancarias. De este modo, se trata de garantizar el control de la condicionalidad de tales transferencias por el propio supervisor. Además, se insistía en que el fondo y el mecanismo de estabilidad europeos pueden comprar deuda pública, si bien clarificando un Memorando de Entendimiento donde se recoja el necesario cumplimiento de los compromisos pactados con las autoridades comunitarias. Por último, se pedía celeridad a nuestro país para firmar nuestro Memorando y se establecía que la financiación del MEDE no será considerada prioritaria

La valoración final del acuerdo permite a la Unión continuar con aliento durante algún periodo adicional. En principio, la promesa de intervención del FEEF-MEDE puede aliviar en parte la presión sobre la deuda soberana de España e Italia. Además, para nuestro país parece establecer un calendario en el cual la financiación del rescate será inyectada a los bancos a través del Estado a corto plazo para transferir el riesgo, una vez esté constituido el supervisor único, exclusivamente a los propios bancos. Además, la pérdida de la preferencia de cobro de la financiación del MEDE elimina la pérdida de valor de la deuda pública emitida como fruto del propio rescate. Con todo, las incertidumbres y las sombras continúan sobre la Unión

En primer lugar, la financiación del MEDE sigue siendo muy limitada para liderar una intervención ante nuevas inestabilidades en el mercado de deuda pública. Los 500.000 millones de euros de capacidad de financiación no representan el poder suficiente para neutralizar problemas adicionales. De este modo, el Consejo ha evitado otorgar licencia bancaria al propio mecanismo, a través de la cual pudiera apalancarse, accediendo al BCE y multiplicando así su capacidad de financiación.

En segundo lugar, el alivio para España es aún incierto. A corto plazo, el rescate pasará necesariamente por el Estado elevando la deuda pública hasta en diez puntos porcentuales del PIB y sólo después de pactar un supervisor único se podrá evaluar cómo deshacer la posición deudora del Estado. El cronograma establece que el Consejo debe estudiar la propuesta de supervisor único de la Comisión antes de final de 2012. Sin embargo, el proceso negociación para abordar una unión bancaria que emanará de las propuestas de la Comisión no parece que vaya a ser sencillo, pudiendo prolongarse en el tiempo. De este modo, hasta al menos 2013 no habrá supervisor único y, por lo tanto, la deuda del rescate seguirá siendo pública. De algún modo, el Consejo ha pactado que negociarán en el futuro el perfil de este supervisor bancario, tras lo cual se podrá inyectar dinero del MEDE directamente a los bancos. Así pues, habrá que ver cómo evoluciona tal negociación, teniendo en cuenta, además, que la declaración no afirma de manera expresa que la financiación ya concedida a los Estados puede variar de titular para fijar como deudor exclusivamente a los bancos. De este modo, a corto plazo entendemos que el Memorandum de Entendimiento lo firme el Estado pero desconocemos cómo se puede deshacer tal acuerdo para forjar uno nuevo con los bancos que ya hayan recibido la financiación a través del rescate actual.

Por último, el Pacto para el Crecimiento y el Empleo aprobado por el Consejo no deja de ser una declaración de intenciones. Por una parte, insiste en la consolidación del mercado interno que representa, sin duda, una palanca de crecimiento pero en cualquier caso a medio plazo. Por otra parte, mantiene el compromiso con la actual pauta de austeridad fiscal, lo que supone obcecarse en una estrategia contraproducente habida a cuenta de la recesión en la que ya está inmersa la eurozona. Y finalmente, promete movilizar 120.000 millones de euros para proyectos de crecimiento a corto plazo, una cuantía exigua centrada en el incremento marginal del capital del Banco Europeo de Inversiones o el desarrollo de un proyecto piloto de “project bonds” que sólo tendrá concreción en el próximo año. En fin, apenas nada a la vista de los datos de actividad

Con todo, hay que congratularse del suave paso dado en la dirección correcta, pero las incertidumbres sobre su concreción, por una parte, y la recesión que nos está superando, por otra, representan dos riesgos que pueden llevarse por delante cualquier avance. Esperamos que el BCE en su próxima reunión ayude a clarificar el escenario con nuevas medidas

De este modo, siguiendo las preguntas de Luis Martínez Noval en “¿A dónde va Alemania?”, no observo un cambio nítido de posición de Angela Merkel dado que todo lo pactado en referencia a la unión bancaria está pendiente de nuevos acuerdos, no existe suavización alguna de la política fiscal y la financiación para el plan de crecimiento es nimia. Con todo, es verdad que la orientación del debate comienza a revisarse para lo cual ha sido clave la entente Hollande-Monti, con el apoyo de Mariano Rajoy tras alejarse del directorio Merkozy como bien señala Noval en su artículo. Ahora, está por ver si el BCE de Mario Draghi, que se estrenó en su día con una dulcificación de la política monetaria, acompaña con una nueva rebaja de tipos y/o la reapertura de la barra libre de liquidez

En cualquier caso, yo sigo queriendo ver un espacio de intersección entre las posiciones alemanas (y no sólo alemanas) y la de los países mediterráneos. En mi opinión, Merkel tiene legitimidad para exigir más unión política antes de ceder ante una integración fiscal, pero tal proceso debería conducir a la mutualización de la deuda pública así como una unión bancaria. De este modo, Francia debería ceder en sus posiciones sobre soberanía, asumiendo un mayor peso de las instituciones comunitarias, las cuales deberán funcionar bajo un sistema de rendición de cuentas más democrático. Por otra parte, Alemania debe viabilizar la unión fiscal y bancaria como únicas vías para mejorar el andamiaje institucional de la zona euro. Y por supuesto, a corto plazo, se debe revisar el actual programa de consolidación fiscal que parece inmune a cualquier indicio de recesión económica, confundiendo el síntoma de la crisis con sus causas

Sin duda, la crisis tiene su foco en el incompleto diseño de la zona euro como un área de tipo de cambio fijo (moneda común), pero con instituciones inadecuadas y una pobre consolidación del mercado interno, tal que no permite asumir shocks sin precipitar recesiones sistémicas. La crisis de deuda soberana es sólo el resultado de este fallo institucional canalizado a través del crack financiero. Y para resolver tal fallo de diseño es necesario elevar el rango de las instituciones europeas y avanzar en una mayor consolidación de nuestro mercado. Para ello, creo que existe un espacio por el que avanzar juntos, si bien a corto plazo la orientación de la política fiscal debe revisarse e intensificarse la relajación monetaria.

Así pues, es necesario, ahora más que nunca, adoptar la estrategia paciente y moderada “fabiana” que aunque con pausa logre responder con pragmatismo a los retos actuales de la Unión. Está en riesgo el proyecto mismo de construcción europea.

 

Jonás Fernández Álvarez

¿A dónde va Alemania?

Hubo un tiempo no muy lejano en el que la prensa francesa vivía la entente Merkozy con cierto complejo de inferioridad respecto de sus vecinos germanos. En otra ocasión he citado un informe del banco francés Natixis titulado Demystifions l’Alemagne (Desmitifiquemos Alemania) que es la prueba, una más, de que el asunto de la trayectoria de la economía  alemana se había convertido en un mito para los franceses; de otro modo, qué duda cabe, no tendría sentido la llamada a la desmitificación.

Después de esa experiencia de directorio europeo franco-alemán, dinamitado por los resultados de las presidenciales en Francia, la situación en el ámbito de la UE ha cambiado radicalmente. Estas líneas me las ha sugerido el encuentro que hoy tiene lugar en Roma los líderes de Italia, Francia, Alemania y España. Hace seis meses esos problemas que hoy se dirimen entre ellos en Roma se hubieran resuelto con un corto viaje de Sarkozy a Berlín. ¿Qué ha cambiado entonces? Sencillamente la aparición, surgido de las urnas, de un líder en Francia capaz de decirle no a la canciller alemana.

¿Y España? ¿Cuál es nuestro papel en ese nuevo escenario? Obviamente a estas alturas todos estamos de acuerdo en que la estrategia de nuestro Presidente ha girado en estos pocos meses en el gobierno. Primero abrazó la entente Merkozy y se situó al lado de la canciller, cuya cercanía cultivó esmeradamente unas semanas. Fueron los tiempos de las reformas estructurales (laboral, sanitaria, educativa) y de ellas se obtuvo el reconocimiento de nuestro esfuerzo en el empeño de consolidar las cuentas públicas y de sentar las bases de nuestra recuperación. Alemania lo había hecho en el pasado y justo era que quienes se encontraban en peor posición en el presente hicieran lo propio.

El esfuerzo, por cierto, sirvió para poco porque no contribuyó a cambiar, no ya la realidad económica (crecimiento, empleo) que en tan breve plazo es imposible cambiar, sino las expectativas de futuro: las previsiones de crecimiento de nuestra economía, los intereses de nuestra deuda a largo plazo, la calificación de nuestras entidades financieras, las posibilidades de cumplimiento de nuestros compromisos en materia fiscal y así sucesivamente. Fue entonces cuando los que tienen fe ciega en que las reformas estructurales (que no son otra cosa que leña al mono hasta que hable inglés, esto es, economía de la oferta) se bastan para impulsar la actividad económica, se apearon de ese burro y se subieron a un tren.

El tren salía de la estación de París y se denominaba políticas de estímulo, de crecimiento, de demanda, de cómo se le quiera llamar; el destino era inequívocamente Europa y afortunadamente nuestro Presidente se subió al convoy. Es pronto todavía para juzgar logros y frustraciones, pero tenemos derecho a pensar que en estas circunstancias ese viejo adagio que dice que Europa sale siempre de sus crisis con más Europa, se puede hacer de nuevo realidad. Esa ha sido la reacción mayoritaria cuando se hizo evidente que la banca española precisaba de un rescate para su recapitalización. Ese tren, en el momento que se escribe esto, tiene parada en Roma en donde España se incorpora a un nuevo Directorio para Europa.

Consecuencia de todo ello, la nueva política europea de nuestro Gobierno contiene una propuesta que todo europeísta verá con buenos ojos. Básicamente consiste en  integración fiscal que supone alguna suerte de mutualización de la deuda soberana (eurobonos) y unión bancaria. Pero como hace unas semanas, en lo relativo a las políticas de estímulo, en la nueva senda europea se encuentra una piedra en la que podemos tropezar, y la piedra se llama Alemania (digo Alemania y no Merkel porque también el SPD es reticente a esos avances). Por eso es oportuno hacerse una pregunta y buscar una posible respuesta ¿Cuáles son las razones por las que Alemania país fundador del primer embrión (la CECA) embrida el avance europeo?

La respuesta exige un matiz inicial. Como es lógico Angela Merkel, al igual que el resto de los líderes europeos, tiene un oído puesto en su propio país, en definitiva en la voz de la calle en Alemania, que a pesar de ser en estos momentos de las más europeístas del continente, es a su vez contraria a los eurobonos. Aceptemos que la canciller puede estar agobiada, aislada y presionada tras la ruptura de la entente Mercozy, pero, pese a todo, encabeza las encuestas electorales en su país. Además los estudios demoscópicos revelan un fuerte apoyo de su electorado por su gestión de la crisis del euro.

Su estrategia como país puede entonces presentársele como un dilema. Por una parte puede impulsar un fuerte avance  en la  integración europea porque de no ser así puede que el euro se acerque al precipicio; o puede inclinarse por poner el acento en grandes problemas que, necesariamente, exigen un calendario de medio y largo plazo. En cualquier caso será preciso esperar a las elecciones alemanas de la próxima primavera para que los intereses nacionales de Alemania se hagan evidentes. Las perspectivas electorales de Merkel son buenas, aunque aparece en el escenario político federal un partido abiertamente antieuropeo Freie Wahler (Voto Libre) y mantiene su presencia en las encuestas el Partido Pirata.

Lo más rabiosamente actual, y cierto, es que el nuevo Directorio a cuatro ha decidido en Roma plantear en el próximo Pleno del Consejo la aprobación de un paquete de estímulos por valor de 130.000 millones de euros, si bien está por determinar el origen del mismo. Es meritorio que la obcecación de Merkel con la austeridad y la consolidación fiscal dé paso al acompañamiento de esos criterios, de otro que pretende el impulso de la actividad. Así la canciller da prueba de su flexibilidad para aceptar lo evidente: que sólo la austeridad no conduce a la consolidación fiscal. Por qué empecinarse entonces en lo contrario.

La posición española quedó patente en la abrumadora mayoría parlamentaria que aprobó el Pacto Fiscal europeo, con apelaciones también a las políticas de impulso de la actividad, que aún quedan por concretar en su origen financiero y en su destino final. Pero no cabe duda que de la muralla alemana se ha desprendido una piedra (la de los estímulos fiscales) y si el empuje es coordinado por los otros tres miembros del nuevo Directorio caerán también las restantes piedras que nos limitan. La primera, la aparición de los eurobonos, y la segunda, la posibilidad de que el BCE compre sin límite deuda de los Estados, como hace el Banco de Inglaterra o la Reserva Federal norteamericana. Bien es verdad que el rescate de alguno de nuestros bancos ha añadido otro elemento al rosario de negativas alemanas: la posibilidad de que las ayudas del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y del MEDE vayan directamente a la banca sin pasar por la Contabilidad Nacional, incrementando deuda soberana.

Pero hete aquí que todo giró bruscamente en la madrugada del 28 de junio en el Consejo Europeo. Presiones, negociaciones, amenazas y habilidades personales dieron paso al desprendimiento de dos nuevas piedras de la muralla alemana en dos cuestiones de notorio relieve. Por una parte, el rescate de la banca española se podía instrumentar directamente a la banca, sin incremento de deuda soberana; y, por otra, el Fondo Europeo para la Estabilidad Financiera, a partir del 1 de julio Mecanismo Europeo de Estabilidad, podría comprar en el mercado secundario deuda soberana para aliviar la presión. A ello se ha añadido la dotación de poderes al BCE para la supervisión de la banca europea.

Es fácil imaginar que los días que sucedieron al Consejo Europeo estuvieran dominados por un interrogante en relación con el papel de Alemania. ¿Derrota en toda regla o calculada estrategia de control de los tiempos en el avance de la integración? Nadie tiene una respuesta a esa pregunta, salvo la propia canciller. Ciertamente que Merkel está sometida a presiones en dos direcciones antagónicas. De un lado, la opinión pública alemana que en los últimos sondeos da muestras de rechazo a lo que la salvación del euro exige de sus rentas y soberanía; de otro, una presión mediática en el resto de Europa de la que es muestra una crítica columna  de Anatole Kaletsky (Can the rest of Europe stand up for Germany? Reuters. 20.06.2012) en la que el renombrado periodista, editor de The Times, afirma que “nadie debería de sorprenderse de que Alemania se haya convertido en la mayor amenaza de Europa. En realidad esto fue lo que ocurrió entes y después de 1914. Resaltar esto no es atribuir a Alemania un pecado original sino, meramente, subrayar su inusual situación geopolítica”.

Este modo, aceradamente crítico, de de aproximarse a la posición alemana en torno a la salida de la crisis, puede completarse con la transcripción de un debate en el Bundestag de los postreros días del pasado junio en el que la canciller “deseaba decir, a todos los que quieren convencer a Alemania que tenemos necesidad de eurobonos, de fondos de estabilidad, de un mecanismo europeo de garantía de depósitos, de numerosos miles de millones suplementarios y de muchas otras cosas: sí, Alemania es fuerte; estamos convencidos de que Europa es nuestro destino y nuestro porvenir, pero somos también conscientes de que la fuerza de Alemania no es infinita”. Y añadió: “al margen del hecho de que esas propuestas aparentemente simples son irrealizables en términos constitucionales, son totalmente contraproductivas. Harían de la mediocridad la norma en Europa. Estaríamos obligados a renunciar a nuestra ambición de mantener nuestra prosperidad en el contexto de la competencia mundial. Y siguió: “el contrato presupuestario es el primer paso hacia la combinación de una mayor unidad y un mayor control a nivel europeo. Será esencial que los poderes nacionales no sean abandonados hasta que llegue a ser evidente y claro que eso implicará una supervisión independiente de las instituciones europeas.

De esa, en mi opinión, crucial intervención ante su parlamento se deben de extraer tres conclusiones clarificadoras: 1) Alemania no pone más dinero. 2) Todos los países deben de ser como Alemania. 3) Hasta que haya reglas estrictas y controles creíbles a nivel europeo, Alemania no podrá aceptar nuevas pérdidas de soberanía.

En este marco se puede aventurar una respuesta a la incógnita del rumbo de Alemania que resulte coherente con la información de la que se dispone. Cada cual tendrá seguramente una respuesta y todas ellas pueden ser acertadas.. En todo caso estas líneas se escriben en domingo y mañana los mercados pueden causar dos efectos: o minimizan los resultados de la Cumbre del pasado jueves, dando lugar a nuevos y renovados agobios, o los magnifican relajando las conciencias. Así se escribe la presente historia de Europa, por el momento.

 

 

Alemania: Clavando los dientes a la U.E.

1. El crecimiento exportador.

La coincidencia de que Alemania es la gran beneficiada de la creación del euro está ampliamente extendida por Europa, aunque se encuentran resistencias a aceptar esta tesis en la misma República Federal. Martin Wolf (FT) ha manifestado que a lo largo de la última década su crecimiento se debió al fuerte impacto del sector exterior. Alimentado por unas burbujas que incrementaron la demanda desde el sur de Europa de productos alemanes, Pero, además, como entre 1999 y 2008, los costes salariales crecieron más, en los países meridionales que en Alemania, los industriales alemanes disfrutaron de unos mercados en expansión.

Por lo tanto, habiendo optado por llevar a cabo un crecimiento desequilibrado a favor de las exportaciones, la zona euro y la moneda única le proporcionaron a la economía alemana “tanto unos mercados cautivos como un tipo de cambio competitivo”. Donde, por si fuera poco, termina señalando Wolf, la estabilidad cambiaría que el euro proporciona, hizo que se le permitiera exportar más.

Wolfgang Munchau (FT), da un paso más. Según él, Alemania entró en la zona euro a un tipo de cambio competitivo, a la vez que se embarcaba en un largo periodo de moderación salarial, con el que reforzó su inicial posición exportadora. El que las cosas se orientaran de esta forma, permite sostener que “la mejora del crecimiento económico de Alemania no se rija por las ganancias de productividad, si no por la devaluación real” que experimentó frente a otros estados miembros de la zona euro.

Apoyándose en argumentos semejantes Dani Rodrik ha puesto de manifiesto que “Alemania debe agradecer a países como EEUU, España y Grecia el apoyo a sus industrias, gracia a lo que su tasa de desempleo no ha aumentado”. Como economía rica, supuestamente debería contribuir a la estabilidad económica global. Pues bien, Alemania, “no solo no está haciendo lo que le corresponde, si no que se está aprovechando de fas economías de los demás”. Son sus socios los que soportan la peor parte de los costes que se generan en esta situación.

2.  Empobreciendo al vecino.

En apoyo de este planteamiento, quiero decir que no tuvo que recurrir a la política fiscal para conseguir su estabilidad macroeconómica. Como en otras naciones de la Unión, el déficit fiscal alemán creció aunque no de manera significativa. En su lugar, fueron las burbujas que surgieron en otras naciones (entre ellas España) las que sustituyeron el estímulo fiscal que los alemanes hubieran tenido que aplicar.

Siendo este aprovechamiento conocido, no fue el único, puesto que en paralelo, actuaron los bancos alemanes expandiendo, en la zona, su actividad crediticia con lo que consiguieron para su negocio una buena posición.

Por eso, resultan de difícil admisión las criticas que respecto de la disciplina económica, se escuchan de destacados miembros de la élite que actualmente gobierna en Alemania. Con ellas, destapan un intenso olor a homilía,

Es cierto que, en algunos casos hubo gobiernos que actuaron de manera poco responsable, llegando a poner en peligro el futuro económico de sus naciones. Pero, no fue así en todos ios casos, ya que hubo otros donde quien se endeudó intensamente fue el sector privado. Por lo tanto, si desde él se pidieron demasiados créditos, puede preguntarse por qué hubo entidades financieras, en este caso alemanas, que les concedieron préstamos con tanta facilidad.

Hasta aquí, he recurrido a las opiniones de una serie de economistas -generadores de opinión pública- que han criticado los enfoques de política económica que han adoptado las autoridades germanas. Ahora bien, también existen otros puntos de vista que han, de tenerse en cuenta y que plantean enfoques alejados de los que están detrás de Wolf, Munchau y Rodrik.

Después de la unificación, la economía alemana se enfrentó a un periodo de bajo crecimiento, durante el cual, el diseño de su política económica se concentró en el propósito de contener, por encima de todo, la demanda interna. Buscaron el crecimiento propio, recurriendo a aquella vieja política que, Joan Robinson, denominó de arruinar al vecino.

En ella continúa, actualmente pretende extender al resto de la Unión su estrategia de crecimiento desequilibrado apoyado en el sector exportador. Su propósito es que todos hagamos idéntico recorrido al que ella hizo y que el tiempo en el que se haga sea el más reducido posible. Considera que tiene la fórmula correcta, hizo sacrificios que le han garantizado un éxito que ahora pretende lucir y extender. Por eso sostiene que la trayectoria que ha llevado a cabo, representa la virtud, la disciplina presupuestaria, el rigor salarial y el poder exportado.

Un conocido economista, -Daniel Gros- próximo a tos planteamientos de la Sra. Merkel, lo ha expresado con claridad, aquellas sociedades que estuvieron, durante la década pasada, perdiendo competitividad, debido a los aumentos salariales que en ellas se produjeron, tienen ahora que aceptar que ha llegado el momento de que deben reducirlos. Aunque solo sea porque, en áreas como la Unión Europea, ha de producirse una oscilación que supere las inercias que con la expansión anterior hablan venido produciéndose.

3. Un ajuste simétrico frente a un ajuste asimétrico.

Con planteamientos como los que defienden las autoridades económicas alemanas, sobre la conveniencia de que toda la zona euro se convierta hacía el modelo de crecimiento exportador, por medio de salarios mas bajos, existen algunos riesgos que no debieron ignorarse.

Algunos de ellos podrían aparecer en la misma Alemania, puesto que su economía tiene una notoria dependencia de las exportaciones, por lo que su futuro crecimiento estará muy vinculado a la marcha de la economía mundial y en particular de la zona euro donde coloca el 60% de sus exportaciones.

Otros podrían aparecer en la zona euro. En ella Ja transformación de sus economías hacia la exportación, requeriría el que se ocasionara una presión a la baja de los salarios, que no está claro el que pudiera conseguirse.

Dado que el ajuste asimétrico plantea, así mismo, riesgos de contracción económica en el conjunto de la zona euro, Werner Schieder, economista del SPD, ha defendido la necesidad de que se impulse como alternativa un ajuste simétrico. Lo han hecho por que los socialdemócratas alemanes creen que “los países con déficit deben ahorrar, mientras que los que tienen superávit deben estimular sus demandas internas”.

Sostienen que hay que ampliar el ángulo desde el que se observan los acontecimientos, lo que les lleva a decir que “los grandes superávit continuos y recurrentes deben evitarse, al igual que los grandes déficits continuos”.

Es una razón poderosa, ya que si Alemania quiere que el resto de Europa lleve a cabo una fuerte contracción fiscal, deberá ella comenzar por fomentar su gasto interno, reducir el superávit de su balanza por cuenta corriente y aceptar que el BCE fije un objetivo de inflación más elevado.,

A fin de cuentas, lo que se le critica es que persistan en mantener estancada su demanda interna, limitando de esta forma las posibilidades de las exportaciones que tienen sus socios comunitarios. Estos, en caso de que persista la política alemana, se verán ante mayores dificultades puesto que podrán verse obligados a llevar a cabo mayores contracciones fiscales.

La aportación que desde el SPD se ha formulado, incorpora una idea que debería valorarse: la actitud del gobierno de la Sra. Merkel de imponer su política económica en el conjunto de la zona euro, perjudica a los miembros de la misma, a la vez que aislará cada vez más a Alemania.