ALGUNAS PERLAS (AUTÉNTICAS Y FALSAS) DE LA ACTUALIDAD LABORAL

Quienes entre nuestras aficiones tenemos el seguimiento de la evolución de la economía española, estamos obligados (o al menos eso creo yo) a la lectura semanal del artículo de Ángel Laborda (uno de nuestros mejores coyunturalistas) en Negocios. En su última entrega (domingo 17 de junio de 2012) titulada El mito de los salarios y la productividad, constata con cifras una realidad que tiene interesantes y variadas derivaciones políticas. Se trata, en sus propias palabras, de que al analizar la pérdida de competitividad de la economía española hasta 2008, “constituye un error atribuir dicha pérdida, como se ha oído decir a destacados dirigentes políticos europeos, al hecho de que los salarios crecieron en España por encima de la productividad y no así en Alemania u otros países europeos. Las cosas, nos dice Laborda, no son así; o, al menos, las cifras no dicen eso. “Lo que ha ocurrido en España no es una desviación de salarios respecto a la productividad, sino que ha habido más inflación de precios que en la zona euro y ello se ha trasladado a mayores aumentos salariales nominales. A su vez, esta mayor inflación, de la que no se aprovecharon los salarios, sino el excedente empresarial…”. Mejor descripción del mito refutado con cifras, no es posible.

En efecto quienes visiten a menudo las páginas en las que el INE (www.ine.es) ofrece regularmente las cifras de la Contabilidad Nacional encontrarán en el apartado de la distribución funcional de la renta española una tendencia creciente del peso de los excedentes empresariales en la participación en la tarta de la renta nacional. Una realidad muy evocadora, especialmente en el contexto de una polémica que ha llenado miles de páginas en la literatura económica: la rigidez o inflexibilidad del mercado de trabajo europeo. La causa originaria de la sucesión de reformas laborales que hemos llevado al BOE en nuestro país.

Inicialmente la rigidez del mercado de trabajo no obedecía a la vigencia de normas protectoras del empleo sino, fundamentalmente, a la incapacidad de los salarios reales para ajustarse a la evolución de la productividad de la mano de obra. Solow nos recuerda (What is labour market flexibility? What is good for?) que hubo una época, en los primeros años ochenta, en los que la hipótesis del gap salarial era la explicación más comúnmente utilizada para explicar el alto desempleo en Europa. Por eso, cuando Bruno y Sachs explicaban los problemas europeos (The Economics of Worlwide Stagflation) eran los salarios reales los responsables del desempleo. Lo eran porque su hipótesis consistía en demostrar que los salarios reales en Europa habían crecido por encima de la productividad de la mano de obra y que su consecuencia inmediata, que era la baja rentabilidad de las empresas, llevaba al estancamiento de la inversión y a la escalada del paro. Para que nadie se desubique recordaré que hablamos de los años de la reconversión industrial en nuestro país.

Suponer que los salarios reales habían superado en su evolución a la de la productividad, tendría que haber significado que la parte de la renta agregada de la economía española correspondiente a los salarios hubiera disfrutado de un avance por encima del de los excedentes empresariales. Y eso fue efectivamente lo que ocurrió en los primeros años de la reconversión industrial. Sin embargo, a partir de 1983 la parte de las rentas salariales comenzó a decaer en la distribución funcional de la renta, y así ocurre a partir de 1998, fecha de la que parten los datos que Laborda utiliza.

Ese escenario de conjunto, y su evolución a lo largo del tiempo, no permiten, tal como concluye Laborda y las cifras corroboran, atribuir al comportamiento de los salarios la rigidez del mercado de trabajo en nuestro país (a otro perro con ese hueso) y por tanto a nuestro pasado esquema de negociación colectiva.

Como es sobradamente conocido, pasado el tiempo, el acento de la rigidez se trasladó de los salarios a la protección del empleo en la legislación laboral o, dicho sin eufemismos, a la regulación de los costes de extinción de los empleos. Ese pasó a ser el caballo de batalla, hasta que la batalla se extendió a todo el cuerpo de la legislación laboral que fue al que abarcó el contenido de la reciente reforma.

Mas como la perfección es ciertamente inalcanzable, el FMI le propone al gobierno español, a modo de consejo, una nueva vuelta de tuerca a la reforma , para que ésta sea perfecta.  Con ocasión de las 2012 Consultas del artículo IV con España (www.mineco.gob.es), el FMI, en el apartado 18 celebra el contenido de la reforma laboral y apunta dos refuerzos de la misma. Por un lado la reducción de la brecha que separa a la indemnización por despido de los contratos temporales con los contratos indefinidos (¿más aún?). Por otro recomienda una mejor comunicación a las empresas de las posibilidades  de flexibilidad que la reforma contiene, y si los resultados se hacen esperar encuentra necesarios planes de contingencia que, “por ejemplo, incluirían un sistema de incorporación optativa a un convenio (opt-in) en la negociación colectiva”; esto es, un trabajador habría de expresar su consentimiento previo para ser incluido en un convenio. Un modo, claro está, muy efectivo de separar a las ovejas blancas de las negras.

¿Ha publicado ya el FMI El modelo asiático de relaciones laborales? Al tiempo.

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