El trabajo en el mundo

Con poca diferencia de fechas, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ha publicado dos interesante informes: uno elaborado por el Instituto Internacional de Estudios Laborales que dirige Raymond Torres sobre ” el trabajo en el mundo 2012″  y otro” sobre tendencias mundiales del empleo 2012″, preparado por el equipo de Tendencias del Empleo de la OIT, dirigido por  Ekkehard Ernst, a cuyas principales conclusiones voy a dedicar  los comentarios que siguen.

Con carácter general, ambos informes constatan que el panorama a nivel mundial al iniciarse 2012 es bastante crítico, con altos niveles de desempleo y carencias importantes de empleos de calidad.

Tras la larga y grave  crisis económica iniciada en 2008, hay un déficit de casi 200 millones de puestos de trabajo y, según se avanza en uno de los informes, en la próxima década sería necesario crear otros 400 millones para mantener un cierto nivel de cohesión social; de los cuales 80 millones habría que crearlos en los dos próximos años; objetivo que se presenta casi imposible en las actuales circunstancias, con unas perspectivas negativas de creación de empleo en el corto y medio plazo: la tasa de desempleo mundial  permanecería estancada en torno al 6 por ciento, con  especial incidencia en los jóvenes que soportan una tasa de desempleo del 12,7 por ciento.

Destacan los informes que que si bien el estancamiento en la creación de puestos de trabajo se ha producido en mayor medida en Europa, sin embargo también ha afectado a Japón e incluso a economías emergentes como China en las que aunque  se crea empleo, éste resulta insuficiente para cubrir las necesidades de una población en edad de trabajar, numerosa y con unos niveles de formación crecientes.

Entrando más en detalle, hay otros aspectos importantes a destacar en el análisis  realizado por  la OIT:

En primer lugar la constatación de que la crisis del empleo en el mundo ha entrado en una nueva fase de carácter estructural más difícil de erradicar, especialmente en lo que se refiere a Europa. Ello significa, por un lado, que determinados grupos de trabajadores( jovenes demandantes de primer empleo; personas mayores  y parados de larga duración, entre otros) encuentran serias dificultades para incorporarse o para volver al mercado de trabajo; y por otro, un aumento exponencial  del empleo vulnerable  cada vez más precario y de baja calidad con un incremento de más de dos tercios  del trabajo  a tiempo parcial y temporal de carácter involuntario   en más de la mitad de las economías avanzadas y del empleo informal (economía sumergida), del  40 por ciento en dos terceras partes de las economias emergentes: lo que la OIT denomina  empleo vulnerable ha aumentado desde 2009 en 23 millones de personas hasta alcanzar la cifra estimada de 1520 millones de trabajadores.

Además, a medida que la economía mundial se desacelera, las diferencias en los niveles de productividad laboral entre los paises desarrollados y las economías en desarrollo puede ahondar la brecha de  desigualdad y  pobreza, reduciendo los avances conseguidos con anterioridad. A este respecto resulta muy significativo  que, realizados los oportunos ajustes en función de las diferencias de precios entre paises, el trabajador medio de un país en desarrollo produce algo menos de una quinta parte de lo que produce ese mismo trabajador medio en un país de economía avanzada.

La doble circunstancia del estancamiento en la creación de empleo en las economías desarrolladas y la baja productividad en los países en desarrollo dificultan seriamente el crecimiento económico, de tal manera que cada vez resulta más evidente lo que la OIT califica como un auténtico  bucle de retroalimentación negativo entre la economía y el mercado de trabajo, de  modo que la combinación entre las altas tasas de paro y las bajas tasas de crecimiento salarial,  al contraer la demanda de bienes y servicios, hacen que la economía se deprima aún más; ante la falta de confianza y perspectivas  empresariales para nuevos proyectos de inversión y de contratación.  En este sentido las previsiones económicas apuntan, al menos durante este año, hacia un debilitamiento del crecimiento que tímidamente se habia iniciado en 2009 y que a estas alturas incluso ha llevado  a algunos paises a la recesión.

Para la OIT, este deterioro de la economía y del empleo a nivel mundial tiene que ver con lo que se define como la trampa de la austeridad que se ha ido imponiendo a partir de 2010 y que ha supuesto un cambio en las prioridades de   la política económica para orientarla ante todo a la reducción de los déficits fiscales; colocando en un segundo plano el crecimiento y la creación de empleo. Además esta estrategia aplicada en un principio en las economías de los paises afectados por la crisis se ha acabado extendiendo a otros paises no tan directamente afectados por la misma que la han acabado aplicando con carácter preventivo, pensando en reacciones adversas de los mercado financieros.

Especialmente crítico es el ” Informe sobre el trabajo en el mundo 2012″ con las reformas flexibilizadoras del mercado de trabajo llevadas a cabo en algunos paises, que se vienen adoptando con la intención de recuperar la confianza de los mercados financieros para de esta manera recuperar el crecimiento y el empleo. Sin embargo-se dice- estas expectativas no se han cumplido y en los paises de Europa que las han aplicado.Los  resultados positivos, hasta ahora, no se han producido ni en términos de crecimiento ni de empleo. Es más el informe pronostica que estas medidas flexibilizadoras fracasarán y que ante una situación de recesión, normas laborales menos rígidas pueden dar lugar  a más despidos, sin apoyar la creación de empleo; y ello unido a un debilitamiento de la negociación colectiva puede ocasionar unos ajustes salariales a la baja  de  graves efectos deflacionaros que pueden retrasar aún más la salida de la crisis.

Muy contundente es este informe al confirmar las conclusiones de otros anteriores en el sentido de señalar que no existe una relación evidente entre las reformas del mercado laboral y los niveles de empleo: las regulaciones laborales mal diseñadas pueden afectar negativamente al funcionamiento del mercado de trabajo, mientras que regulaciones laborales  adecuadas  y discutidas en el marco del diálogo social pueden contribuir positivamente a la creación de empleo.

ENFOQUE  ALTERNATIVO

Para la OIT existe políticas alternativas para escapar a la trampa de la austeridad,  que se concretarían en la siguientes medidas:

Un cambio estratégico orientado hacia el crecimiento y el empleo, coordinando las políticas económicas y evitando el contagio producido por la austeridad fiscal.En Europa esta estrategia podría incluir un enfoque también coordinado para resolver  los problemas específicos de la deuda, utilizando nuevos mecanismos de financiación junto con los Fondos Estructurales ya existentes; haciendo compatible el crecimiento con el cumplimiento de los objetivos de déficit.

Un fortalecimiento de las políticas activas de empleo y de las instituciones del mercado laboral, de manera que los salarios crezcan al mismo ritmo que la productividad: empezando por los paises con superávit.

Una regulación  más profunda del sistema financiero orientada a restablecer la credibilidad y  la confianza y a facilitar el acceso al crédito, especialmente de las pequeñas y medianas empresas que son las que crean alrededor del 70 por ciento de los puestos de trabajo.

Crear estímulos  a la inversión privada, sobre todo en los paises desarrollados en los que la prioridad debe ser la lucha contra el desempleo, especialmente de los jóvenes; mientras que en los  paises en desarrollo  es necesario centrar los esfuerzos en la inversión pública y en la reducción de los niveles de pobreza y desigualdad existentes.

Establecimiento de foros de consulta nacionales como lugares de encuentro entre los gobiernos y los agentes sociales y económicos.

Reformas en la gobernanza de la economía mundial  para lo que sería  necesario conseguir una coordinación global de las políticas económicas y eliminar la amenaza que pesa sobre la estabilidad económica mundial, producida por los flujos financieros trasnacionales no regulados.

En definitiva, la OIT plantea que estos objetivos y medidas de estímulo para ser efectivos no deben  comprometer la estabilidad fiscal y en tal sentido se apuesta por un gasto público acorde con los incrementos de la renta que pueda servir de estímulo a la economía real, gracias al multiplicador del presupuesto equilibrado. En épocas de demanda titubeante- se dice-ampliar el papel de los gobiernos en relación con la demanda agregada ayuda a estabilizar la economía y establece un nuevo estímulo,  contando además con que el incremento de gasto se vería complementado con aumentos simultáneos de los ingresos tributarios.

Como comentario final solamente  me resta hacer una valoración  positiva de los análisis y soluciones alternativas propuestos por la OIT para salir de la crisis y el estancamiento en que se encuentra la economía mundial y el empleo, y unirme a su preocupación ante el hecho de que las medidas adoptadas hasta ahora no hayan logrado reducir el incremento de los 27 millones de desempleados provocados por la crisis. Sin crecimiento no puede haber empleo y para ello es necesario, sobre todo en las economías avanzadas, un nuevo enfoque hacia políticas económicas más equilibradas entre crecimiento y austeridad fiscal. Parece que  empieza a cambiar el viento en Europa en esa dirección. Confiemos en que así sea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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